8 jun. 2007

Atenas - (tren)

Viernes, Julio 18: Atenas - (tren) Me desperto el calor dentro de la tienda, se había convertido en un pequeño horno. Eran las 9,30, después de ducharme y aprovechar para lavar un poco de ropa, estuve charlando un poco con los bilbainos.
¡Increible! ¡Estaba maravillado! Al llamar a la embajada desde el camping me informaron de que había llegado mi pasaporte. Eran sobre las 11. Fui a recogerlo todo y me despedí de los bilbainos deseándonos suerte mutua.
Había bastante gente en ese momento en recepción que aproveché para charlar con el dueño de un coche matrícula de Madrid. Era una pareja, la mujer esperaba en el coche mientras el hombre realizaba los trámites de papeleos. Era egipcio y casado desde hacia 15 años con una española.
Cogí de vuelta a Atenas el autobús A2, que era el que más cerca de la embajada me dejaba, tras pagar el camping (unas 2.300 dr.). El autobús iba lleno a revosar, hacia mucho calor, se hacia incómodo el recorrido.
Conseguí tener, por fin, mi pasaporte en mis manos. Fueron muy amables en la embajada española conmigo.
Necesitaba dinero, sólo disponía de 250 dracmas. Saqué 30.000 dracmas para poder pagar el tren hacia Estambul y en el caso de que me tuviera que quedar en Grecia otro día, para poder afrontar los gastos. Siempre podría cambiar a dinero turco en caso de que me sobrara el griego.
No quería perder el tiempo y terminé yendo a un McDonald's a comer.
Antes de acudir a la estación de tren, pasé por la estación de autobuses para preguntar allí. Estaba todo lleno, tanto para ese día como para el siguiente. Costaba 16.000 dr.
Antes de llegar a la estación, me sucedió una pequeña anécdota de mención: saliendo desde la plaza Omonia hacia la estación de tren, un policía de paisano me paró en la calle diciéndome "Control". Le pregunté en inglés el por qué me paraba, un poco menos convencido que cuando me paró, me preguntó de donde era y al responderle, y sin necesidad de enseñarle ni mi recién conseguido pasaporte ni mi DNI, me dijo que le perdonara muy educadamente, además de darme una explicación. Debía andar mucha gente, de Albania y Yugoslavia, en esta zona realizando tareas no legales. La verdad es que se veía gente muy acogedora el la plaza Omonia. Después de despedirme del policía, empecé a preguntarme sobre el por qué me habría parado a mi, ¿tan mala pinta tenía?
En la estación de trenes me dijeron que no había servicio hasta Estambul, que sólo había hasta Thesalonica, eso es por lo menos lo que le entendí al antipático de la taquilla. Me lo estuve pensando, y decidí cogerlo, salía a las 23,50. Pagué 5.220 dr. Tenía también la esperanza de que en Thesalonica pudiera coger sin perder mucho el tiempo un tren hacia Estambul.
Por curiosidad, ya que tenía mucho tiempo que matar, pregunté en una agencia de viajes sobre el modo de llegar a Turquía en ferry. Desde Pireas a Kusadasi, en Mediterraneo turco, al oeste del país, costaba 13.000 dr. Lo curioso consistía en el desglose del total, ya que no era un viaje directo a Kusadasi sino con un transbordo en la isla griega de Samos, muy cerca de las costas turcas. El viaje más largo, Pireas-Samos, costaba 6.000 dr. y el más corto, Pireas-Kusadasi, 7.000. Al preguntar por esa diferencia me respondió, indicándome con los hombros que él no sabía por qué, "Country change".
Eran sobre las cuatro de la tarde, estaba sentado, tranquilo y asimilando lo sucedido, en el parque del Museo Arqueológico Nacional.
Mereció la pena la visita al Museo Arqueológico, a pesar de que la entrada no era barata (2.000 dr.). En ella había colecciones prehistóricas (del siglo XV al II a.C.), colecciones de esculturas (desde el siglo VIII a.C. al II. d.C.), colecciones de bronce (desde el siglo VIII a.C. al III d.C.) y colecciones egipcias (desde el siglo V a.C. al I d.C.). En esas dos horas tuve ocasión de ver el museo tranquilamente, sin el peso de la mochila que la había dejado en la taquilla. Saqué también algunas fotos aunque no sabía si iban a salir debido a la escasa luz que había dentro.
Era curioso, hace un día apenas tenía dracmas y tenía que cuidarlas, y ahora me encontraba en una situación en las que me sobraban y había decidido en poderlas invertir en algo que me pudiera servir durante el viaje, así que fui de tiendas por el centro de la capital griega. Terminé comprando una pequeña radio con posibilidad de poderla escuchar con o sin auriculares para que me hiciera compañía en 2.500 dr. No vi nada más que me gustara.
Después de comer sobre las 21, sin ideas de qué podría hacer en el tiempo que me faltaba para coger el tren, decidí ir a la estación de tren y esperar allí junto con numerosos chavales que estaban haciendo la mili y esperaban, con sus familiares muchos de ellos, a que viniera su tren.
Mientras estaba esperando observé que había dos trenes para Thesalonica, a las 23,27 y a las 23,55. Cuando llegó el primero de los trenes, pregunté si era ese el que tenía que ir o no. Lo hice dos veces, a dos personas del tren, por si acaso, ya que no me fiaba de esa gente. Cuando me monté me acordé del taquillero que me había dicho que el tren era a las 23,50. Yo, en el ticket no tenía puesta la hora del tren, pero si el número de mi plaza, la sorpresa fue que era una litera. El tren iba lleno, a pesar de ello la gente se metió en sus compartimentos y no se escuchaba más que el sonido del propio tren media hora después de que salieramos. El trato con las otras 5 personas del compartimento, había 6 literas, fue educado y bastante distante, enseguida se apagaron las luces del compartimento y la gente empezó a dormirse.

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