8 jun. 2007

Donostia-San Sebastián - (coche/autostop) - Pau (Francia)

Viernes, 4 de julio: Donostia-Pau
Mi amigo Klaudio vino a casa a buscarme, me tocó del interfono y enseguida bajé de casa. Tenía mi mochila lista y muchas ganas de comenzar este viaje, pero a la vez había algo que se removía dentro de mí. Me iba para un cierto periodo de tiempo, unos dos meses, en el cual no iba a ver ni a la familia ni a amigos, y además una vez pasado el periodo de Grecia Klaudio, el amigo con quien partiría en el comienzo del viaje, se volvería por motivos de trabajo.
Por otro lado tenía otra incógnita que me preocupaba también y era que no estaba seguro el poder, tal y como tenía previsto de antemano el llevar por tierra desde Donostia donde vivo hasta la India, sin coger ningún avión. El problema estaba básicamente en la obtención del visado iraní.
He de reconocer que no comencé a preparar el viaje con mucho tiempo, apenas 2-3 semanas antes. Fue entonces cuando, lo primero que hice, fue informarme de las vacunas necesarias para los lugares que iba a estar. Fui a Sanidad Exterior de mi ciudad, donde me dieron la medicación contra la fiebre tifoidea y la malaria. Me puse en contacto también con las embajadas de la India, Irán y Pakistán en Madrid por teléfono. Tanto de la india como de la pakistaní conseguí que me enviaran un fax con el formulario de los datos a rellenar para poder obtener el visado sin tener que ir hasta Madrid. No fue el caso de la embajada iraní, que por un lado me costó mucho localizarles, de una manera nada amable, me dijeron que no había más opción que pasar por Jerez, 5 en Madrid, entre unas horas determinadas y personarse allí mismo. Por otro lado también me dijeron que el tiempo de proceso para ver si me daban o no el visado era de 3-4 semanas... ya que la solicitud tenía que pasar por Teheran. Las cosas así decidí dejar el visado iraní y tratar de sacar los otros dos. Recibido el formulario indio, lo rellené con mis datos, fui a correos y les mandé un sobre certificado con el pasaporte, dos o tres fotos, el formulario rellenado y el comprobante del giro postal que acababa de realizar por la cantidad de 3.000 pesetas. Según me dijeron tardarían 3 o 4 días en procesar la solicitud, para después enviarme de vuelta el pasaporte con el sello. Andaba un poco apurado para realizar el mismo proceso con la embajada pakistaní.
Llegó el día para partir, y hacia más de 10 días que había enviado mi pasaporte a la Oficina de Turismo de la India, sin que me llegará de vuelta. No dudé a la hora de salir sin este documento, ya que hasta llegar a Turquía no lo iba a necesitar, ya que siendo España miembro de la Comunidad Económica Europea nos basta con el carnet de identidad. Mi idea era que mi familia me hiciera llegar el pasaporte a Grecia por correo a una dirección que no lo tenía muy claro, en un principio podría ser la propia Embajada Española en Atenas si es que me hacían tal favor o si no el lugar donde me alojara allí.
Ya era difícil la vuelta atrás, Klaudio me había recogido en su coche y partíamos dirección a Irún, pero antes paramos en la localidad de Oiartzun, ya que había quedado con un amigo suyo para que nos acompañara hasta Hendaia y una vez allí se volvería con el coche. Así lo hicimos, nos apeamos y cruzamos la frontera andando sin que nadie nos dijera nada. Buscabamos el parking, o por lo menos gran arcén, que hay una vez pasadas las casetas de la autopista francesa. Era un lugar que habíamos utilizado otras veces dirección a París y nos había resultado excelente. Nuestro modo de transporte era solo eso, un dedo y un cartelito indicando a donde queríamos ir, junto con un par de sonrisas que se hacían más débiles según pasaba el tiempo. Había además un problema añadido, cerca había habido un accidente y la "amable" Gendarmerie andaba por el lugar.
Discutimos sobre lo que hacer, pero estaba claro que no nos podíamos marchar a otro sitio, así que nos pusimos en un sitio donde quedábamos más o menos disimulados. Aún así estabamos seguros de que nos habían visto, pero no quisieron meterse con nosotros. La cosa es que estábamos haciendo auto-stop en la autopista, lo cual está prohibido, aunque estuviéramos en un punto en el cual no había ningún peligro.
Tardó una hora en parar el primer coche, y aunque nos dijo que iba sólo hasta Biarritz decidimos abandonar el lugar, ya que otras veces el sitio había funcionado mejor, y quizás la gente dudaba al pararnos por la proximidad de los gendarmes. Nos dejó, tal y como se lo pedimos, en un área de servicio en vez de la salida a Biarritz, pensando que así podría ser más fácil. Fallamos. Fue una decisión errónea. Era un área sin apenas tráfico, y lo único que conseguimos fue que nos parara un coche policial. Nos pidió la documentación y se marcharon.
Estuvimos unas tres horas en el lugar, a casi desesperarnos, creo que nunca nos había ocurrido algo así, el tener que esperar tanto tiempo. Eran sobre las siete y media de la tarde, y apenas estábamos a 40 kilómetros de casa, y eso teniendo en cuenta que los primeros veinte los habíamos hecho en coche propio. Todo un fracaso que nos hizo cambiar de opinión y dejar la autopista, para buscar la carretera nacional. Tardamos casi media hora en llegar a la concurrida ruta y no más de cinco minutos en que una pareja joven nos parara para llevarnos a Pau. Es que cuando viajas de esta manera nunca sabes lo que te va a ocurrir.
Eran dos chicos muy majos y agradables que precisamente habían estado en Donostia, de marcha, eran muy discotequeros. Nos dijeron que les encantaba el lugar para salir de juerga, ya que en Francia la verdad es que no hay demasiada. El chico, que era quien conducía, conocía bien la carretera y eso lo hacía notar en la velocidad que le imprimía a su viejo Opel Corsa. Llegamos a las diez menos cuarto a Pau, y nos dejaron el la estación de trenes. Klaudio y yo habíamos decidido coger un tren por la noche que nos llevase por lo menos a Toulouse, para así poder "recuperar" la distancia que esperábamos realizar ese primer día, realmente esa primera tarde.
La noticia era que no había trenes nocturnos, a ningún sitio, desde Pau, y además iban a cerrar la estación. En un principio pensamos en buscar el camping de la ciudad, y lo encontramos en un mapa callejero en frente de la estación. Pero había un problema y era que estaba en la dirección opuesta a donde teníamos tanto la carretera como la autopista para poder continuar con el auto-stop. Decidimos ir andando hasta cerca de la entrada de la autopista, y una vez fuera del núcleo urbano buscar un sitio donde plantar la tienda y dormir un poco durante la noche. Aún así Klaudio me convenció para continuar haciendo dedo a la luz de una farola a la salida de un semáforo. No tardaron demasiado en cogernos pero sólo nos llevaron al pueblo de al lado a unos 10-15 kilómetros. Nos dejaron poco antes de la entrada del pueblo, a la entrada de la autopista. Habíamos decidido que si queríamos hacer kilómetros debíamos optar por la autopista aunque tardásemos más en ser cogidos.
Montamos la tienda de campaña detrás de unos setos al lado de las cabinas de la autopista rápidamente, había comenzado a llover.

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