8 jun. 2007

(tren) - Brindisi - (ferry)

Martes, 8 de julio: (tren)- Brindisi - (ferry)
Me desperté pronto, sobre las cinco y media, para entonces ya estaba el día claro. Las horas iban despacio, un tanto aburridas, sin mucho que hacer excepto esperar.
Despedí al italiano y la albanesa, que no estaba tan parlanchina como el día anterior. Ella se bajó en Bari, desde donde cogería un ferry para llegar a su país, Albania, en donde iba a pasar una temporada visitando a sus familiares y amigos.
En la última parte del recorrido apenas había gente en el tren, por lo menos en nuestro vagón. El paisaje no era nada del otro mundo, bastante seco, pero lo que le salvaba era la vista que teníamos al mar, ya que generalmente iba junto a el.
El tren llegó con media hora de retraso al destino, a Brindisi. Andando llegamos enseguida al centro de esta pequeña ciudad, para entrar en una agencia cualquiera de tantas que hay ofreciendo billetes para reservar un par de tickets para Grecia.
De una agencia a otra los precios, son por lo menos muy similares, sino iguales, ya que las tarifas de los numerosas compañias de ferries están reguladas por el gobierno, dependiendo de la categoría. Son bastante baratos teniendo en cuenta el largo recorrido que efectúan. Incluso hay una cosa por lo menos graciosa, vayas a donde vayas a Grecia (básicamente hay tres puntos principales: Corfú, Patra e Igoumenitsa) los precios son idénticos, así que escogimos el más lejano, por ser el que más cerca nos dejaba de Atenas. Pagamos 44.000 liras cada uno, sin que pudiéramos librarnos de pagar nosotros mismos la comisión por pagar con tarjeta Visa. Esto es curioso, pero tanto en Italia (por lo menos allí) como en Grecia, esa comisión corre a cuenta del cliente.
Tuvimos ocasión, también, de hablar nuestro idioma, el euskara, con unas chicas navarras, de Lekunberri, que conocimos en la misma agencia.
Nuestro ferry saldría a las seis de la tarde de ese mismo día, por lo que teníamos suficiente tiempo para estar tranquilos. Aún así, había dos cosas que hacer antes de partir, imprescindibles: validar el ticket de la agencia en la compañía del ferry y por otro lado pasar por el centro de la policía de aduanas para obtener el ticket de salida del país. Estos dos quehaceres no nos quitaron mucho tiempo, cosa que me extraño, ya que recuerdo que el año anterior, en esas mismas fechas, había mucha más gente y tuvimos que esperar más de una hora haciendo cola para obtener el sello de la policía.
Compramos algo para beber y otro poco para engañar al estómago, para después dar una vuelta por la ciudad, sin que consiguiéramos ver nada de especial mención.
Con la compra hecha para el ferry nos permitimos hacer el primero de los caprichos de este viaje, encontramos un restaurante, en el cual comimos estupendamente, y saboreamos el vino local, todo ello a cambio de 50.000 liras, los dos.
El sol pegaba con fuerza, sobre todo las horas del mediodía, y a eso de las tres, a la hora que nos habían dicho acudimos a un punto señalado del puerto donde debía recogernos una barca para llevarnos a otro puerto en el cual cogeríamos el ferry. Esta barca vino hacia las cuatro, pero fuimos de los primeros que tuvimos ocasión en subir al ferry.
Aprovechamos esta ocasión para hacernos con una par de sillas y una mesa en la popa del barco. Con el calor que hacía, nos pusimos en bañador y matamos el tiempo leyendo y escribiendo. Incluso al estar bastante cercanos al lugar donde los pasajeros subíamos al ferry, una vez pasado el control de policía y del propio ferry para controlar el ticket, tuvimos la tentación de poner un tercer "puesto" de control.
Es extraño pero no íbamos mucha gente en el ferry. Me acuerdo del año anterior, en el cual el ferry iba hasta los topes, tanto de vehículos como de gente, en el cual incluso encontrar un sitio en el suelo para dormir era difícil.
Es agradable el ir en barco, por lo menos para mí. Tienes mucha libertad de movimiento, incluso con día como aquel, en el cual teníamos sol, y si a eso de añadimos el movimiento del barco, que frena el exceso de calor, lo convierte en auténtico lujo.
Después de cenar con las provisiones que habíamos comprado en Brindisi, una vez añochecido, abrimos una puerta que estaba sin cerrar en el cual guardaban las sillas de plástico y un par de hamacas, también de plástico. Las sacamos y nos acomodamos estupendamente para quedarnos dormidos mirando al mar.

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