8 jun. 2007

Pau - (autostop) - Aix-en-Provence

Sábado, 5 de julio: Pau - Aix-en-Provence
Teníamos caladas tanto la tienda como cierta ropa y las zapatillas. Nos levantamos bastante pronto, sobre las seis y media, con intención de continuar por un lado y por otro para que nadie nos viera, sobre todo la "gendarmerie"...
Hacía frío, también viento. Todavía a esa hora había poco tráfico y eran momentos duros sin poder aguantar el frío cuando el vehículo que pasaba de vez en cuando se iba sin pararnos. Pienso que más duro para mi compañero que para mí por que yo por lo menos dormí esa noche, aunque fuera poco. Klaudio me dijo que no pegó ojo, con el frío, la lluvia que entraba a través de la única capa del camping... Y es que la tienda que llevábamos era tan simple como ligera, de una sola capa y en total pesa apenas dos kilos. Tengo otra tienda, y esta es por un lado más espaciosa, pero no veía que fuera necesaria para llevarla y el peso de la mochila contaba mucho.
Fue gracioso el primero que nos cogió en la entrada de aquella autopista. Klaudio se puso en el asiento de adelante, que aunque no habla francés a la perfección, entiende algo y habla otro poco, yo desde luego ando más perdido con este idioma. Pero esta vez no fue necesario, ya que al poco de que entráramos y le dijéramos de donde éramos nos dijo que aunque llevase 35 años viviendo en Francia él era de Albacete. Debía estar casado con una francesa, pero no le vimos demasiado integrado, ya que incluso nosotros le notamos un acento especial cuando habló con el cajero de la autopista y también nos contaba acerca de sus numerosos viajes a sus tierras.
Hubo también otro personaje curioso ese día. Un hombre de mediana edad nos llevó desde Saint-Gaudens hasta Mazamet. Era un BMW grande, todo un vólido, y sin duda acostumbraba a pisar el acelerador este curioso tipo, tenía cierto toque de playboy retirado.
También compramos un par de "bagettes" (pequeñas barras de pan) para rellenarlas del embutido que llevábamos con nosotros mismos. Desde Mazamet nos costó bastante llegar a Béziers, pero con numerosos trayectos cortos llegamos. Estábamos fuera de la autopista ya que aceptamos salir de la autopista por que el "playboy" nos llevaba en nuestra dirección más de 100 km. Discutimos otra vez que es lo que hubiera sido mejor, si haberle dejado irse a la carretera para continuar en otra entrada a la autopista o lo que estábamos haciendo. Sin duda no teníamos respuesta pero también en la autopista, el día anterior, tuvimos mala suerte.
En Béziers, donde estábamos en una mala incorporación a la autopista, nos paró un Mercedes que iba a Montpellier. Era un hombre bien vestido y elegante, por cómo íbamos vestidos en ese momento, contrastaba bastante con nosotros (no íbamos sucios, pero sí con ropas "algo" más baratas). Y esto es algo que me ha chocado bastante en países fuera de España: tanto en Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra e Irlanda, donde haya podido estar haciendo autostop, lujosos coches nos habían parado, desde luego tienen más costumbre de parar al autoestopista.
Habíamos parado en una gran área de servicio dentro de la gran autopista, de numeroso tráfico, que recorre la costa mediterránea francesa. Aprovechamos la parada para ir a tomar un "café-au-lait". En la incorporación a la autopista teníamos delante nuestro a un par de jóvenes que pensaban dirigirse a Lyon, más o menos al norte. Como nosotros íbamos hacia el este, no les fastidiábamos el plan, pero nos pusimos detrás de ellos aún así.
A pesar del tráfico frecuente ya íbamos pensando en acampar allí mismo, ya que el sol se estaba ocultando. De mientras nos extrañaba la actitud que tomaban estos dos jóvenes frente a los vehículos que pasaban, eran bastante pasotas, y ni se molestaban en levantarse para ponerse en pie cada vez que veían un coche o camión. El sol ya se había ido aunque todavía había luz, tuvimos suerte, algo que sucede pocas veces. Un chico que estaba descansando y aprovecho para sacar al perro nos vio y nos ofreció llevarnos. Él iba a Marsella, y como nos venía bien aceptamos con gusto su oferta.
Nada que ver tenía este Renault 5 con el Mercedes anterior, incluso yo que iba en la parte de atrás iba apoyado en el suelo por que el chico había quitado los asientos traseros y allí iba yo con el chucho. Ha sido increíble lo que este chico hizo por nosotros, es algo difícil de olvidar. Mientras iba hablando con Klaudio se despistó y siguió adelante dejando atrás la salida hacia Marsella. Llegamos a Aix-en-Provence, él nos dijo que era de allí, incluso tuvimos ocasión de ver el gran ambiente que había en la noche. La razón de ello es que Aix-en-Provence era una localidad estudiantil. Tenía también una zona antigua preciosa, calles estrechas y adoquinadas, llenas de encanto. Paró en coche para comprar algo para cenar y al volver nos invitó a su casa para dormir, allí mismo en Aix. Casi le dijimos que sí, pero pensamos que era mejor continuar en la carretera para no perder tiempo el día siguiente, aún así le agradecimos mucho el ofrecimiento sincero que nos hizo. Dijo que lo entendía, y que él mismo había viajado mucho de este modo y por ello nos quiso hacer un favor, nos llevó a la entrada de la autopista para dejarnos en un área de servicio en dirección a Niza. Klaudio me traducía al euskara (vasco, que es el idioma que utilizamos para comunicarnos) lo que no entendía de la conversación que llevaban, y sin que él se enterara quedamos de acuerdo en invitarle a lo que fuera en la cafetería del área de servicio que íbamos a parar. Fue una pena ya que esta área carecía de cafetería, era más bien funcional y pequeña.
Bajamos y lo único que pudimos hacer fue agradecerle la cortesía que tuvo con nosotros. Aún así la cosa no había terminado, nos dio una bolsa de comida que nos dijo que había comprado para nosotros. Se lo rechazamos lo más amablemente que pudimos, pero él insistió y rápidamente deseándonos suerte se fue en coche. Nos dejó boquiabiertos esta actitud, y desde luego en Europa es muy difícil encontrar a gente como él, que sin esperar nada a cambio nos hizo tantos favores.
Todavía un tanto extrañados comenzamos a cenar de lo lindo, junto a la comida que llevábamos y la que nos dio este amable chico francés, incluso tuvimos el lujo de compartir y brindar a su salud aquella botella de cerveza Kronenbrough de 0,75 litros.
No tuvimos problemas para encontrar un lugar medio aislado para acampar. El problema era que tanto el camping como el saco de dormir estaban húmedos, pero aún así no tuvimos mayores problemas para dormir, ya que no hacia calor pero el clima mediterráneo se hacía notar, nada que ver con la noche anterior.

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