8 jun. 2007

Estambul

Domingo, Julio 20: Estambul Durmimos todos un montón, despertándonos poco a poco a partir de las 10,30. Antes de hacer nada decidimos cambiarnos de sitio y fuimos al albergue en el que el día anterior no encontramos sitio. Sólo teníamos ocasión de estar en habitaciones separadas los unos de los otros, además de que unos son más caros que otros. Al decirle que no, nos ofreció dormir en el tejado, siendo lo más económico, cinco dólares por persona desayuno incluido, y pudiendo usar los servicios y duchas del albergue.
Hacia cuatro años, en marzo de 1993, cuando estuve por primera vez en Estambul, el cambio respecto al dólar era de 1$=10.000 liras, en ese momento, en cambio, debido a la inflación el cambio era de 150.000 liras por dólar.
Después de cambiar de alojamiento, salimos hacia Santa Sofia, templo bizantino, que tenía sin ver de la ocasión anterior. Siendo una iglesia cristiana en sus orígenes, después de la invasión de los turcos, éstos la convirtieron en mezquita y le añadieron minaretes y símbolos islamistas por encima de los símbolos cristianos. De todos modos, hoy en día Santa Sofia lo han convertido en un museo.
Cobran 500.000 liras por entrar (200.000 con tarjeta de estudiante). Me gustó verlo por dentro a pesar de que estuvieran en obras.
Ellos tenían la intención de ver la Mezquita Azul y el palacio de Topkapi. Yo no quería volver a visitarlos así que me separé de ellos y dediqué el día a pasear, sin rumbo fijo, por la ciudad. Siendo domingo no había mucho ajetreo de coches y la ciudad vivía en tranquilidad.
En el puerto de Eminonu, frente a la estación de tren, estaban friendo el pescado recién cogido en el Mármara desde el propio barco, me entró envidia y un bocadillo a cambio de 150.000 liras. Mientras iba comiendo crucé el puente que une el lado antiguo y moderno de la ciudad.
Un termómetro de la calle marcaba los 36ºC, no me extrañó, no había ni una sola nube en el cielo y el sol pegaba con fuerza. De todas maneras había una pequeña brisa suavizaba y hacia agradable el paseo.
Subí a la Torre de Gálata y desde allí me dirigí a la plaza Taksim, centro de la parte moderna de la ciudad. Estuve durante mucho tiempo sentado en el parque cercano a esta plaza escribiendo mi diario de viajes, pasando en solitario la tarde del domingo a diferencia del resto de la gente en el lugar que lo hacía en compañía de otras personas, principalmente familias.
Volví sobre las ocho de la tarde al Youth Hostel ya que habíamos quedado para ir a cenar juntos. Cenamos muy barato, 300.000 liras por persona, siendo el plato central un kebab y diferentes acompañamientos como arroz, yogurt, ensalada o sopa con especias. Una botella de agua mineral, en Turquía es recomendable no beber del grifo, entraba dentro del precio.
Después de dar una vuelta por los alrededores de la ciudad vieja, fuimos a fumar una pipa de agua entre todos acompañado del exquisito té de manzana. Llegamos tarde al hostal, alrededor de la una y media, y a pesar de que la disco del albergue estaba abierto decidimos ir a dormir, al tejado.

Thesalonica - frontera Grecia-Turquia - (tren) -Estambul

Sábado, Julio 19: (tren) - Thesalonika - (Turquía) - Estambul El tren llegó a las 7,10 en vez de hacerlo a las 6 como me dijeron. Tuve ocasión de dormir bien dentro del tren aprovechando la comodidad de las literas. Tan pronto como me bajé del tren me puse en la cola de los viajes internacionales. Costaban 11.000 dr. hasta Estambul, lo cogí. Al preguntarle de cuando salía me dijo que a las 7,25. Le pregunté si esa hora era de la mañana o de la tarde, me respondió que de la mañana. Faltaban escasos minutos para esa hora y tenía que ir después de pagarle a él, a otra taquilla a por la reserva del billete y después al andén 1 para coger el tren. Lo hice todo corriendo, apurado. Cuando llegué al andén el tren seguía allí, busqué mi vagón y me monté. Encontré el asiento con facilidad. Ya estaba montado en el tren que me iba a llegar hacia el Oriente y tenía mi pasaporte conmigo, las cosas empezaban a salir bien.
El paisaje es aburrido, en general seco y en parte labrado, no había mucho que ver por la ventanilla. Estuve un tiempo escuchando la radio, sintonizando diferentes canales, eso me divertía en parte.
Al llegar a la frontera nos hicieron bajar y la policía griega nos cogió los pasaportes de todos los viajeros. Nos los devolvieron pasada una media hora una vez nos montamos en el tren turco. En el tren turco fue la policía turca la que recogió los pasaportes además de diez dólares en concepto de visado.
En la frontera, todavía en el lado griego, compré algunas cosas para comer el una pequeña tienda que había y tuve la ocasión de conocer a unos españoles. Eran tres chicas y un chico. Eran gente muy maja y estuve con ellos en el tren que nos llevaría a Turquía. Estuvimos hablando, incluso jugando al mus. Eran Isabel de Alicante, Elisa de Murcia, y la pareja de Cádiz Rosa y Javi. Poco después conocí a Marine, francesa de Rennes, que también la habían conocido en el tren.
Todos los extranjeros, que no éramos muchos, estabamos en un vagón, y los turcos en el resto de los vagones. Los vagones en los que estaban los turcos iban repletos, sin sitio apenas, y nosotros teníamos sitio de sobra. Esto se debía a que no tenía permiso para entrar en nuestro vagón, incluso alguno que entró al nuestro recibió una pequeña bronca y tuvieron que volver a donde estaban.
Preguntando en el tren nos dijeron que íbamos a llegar a las 22,30, en vez de las 20 que se nos fue dicho cuando cogimos el billete. Será tarde para cuando lleguemos a Estambul. Ellos tenían la dirección de un albergue en pleno centro, y acordamos ir todos juntos a buscar alojamiento.
Llegamos sobre las diez de la noche a Estambul. El tren nos dejó al lado de la Mezquita Azul y el palacio de Topkapi. Según salimos del tren había gente que nos ofrecía sitio para dormir. Cuando llegamos a la dirección que ellos tenía nos dijeron que el albergue estaba lleno. Fue una pequeña decepción. Preguntamos en el hostal de al lado y tras regatear fijamos un precio de 40$ por los seis por una amplia habitación triple con baño a la cual se le pusieron otras tres camas individuales supletorias. Nos fuimos turnando para ducharnos, y a pesar de que teníamos intención para dar una pequeña vuelta por la ciudad, tras el pesado viaje en tren decidimos dormir.
Serían aproximadamente las cinco de la mañana cuando los cantos emitidos de una mezquita me despertaron, a pesar de ello continué durmiendo.

Atenas - (tren)

Viernes, Julio 18: Atenas - (tren) Me desperto el calor dentro de la tienda, se había convertido en un pequeño horno. Eran las 9,30, después de ducharme y aprovechar para lavar un poco de ropa, estuve charlando un poco con los bilbainos.
¡Increible! ¡Estaba maravillado! Al llamar a la embajada desde el camping me informaron de que había llegado mi pasaporte. Eran sobre las 11. Fui a recogerlo todo y me despedí de los bilbainos deseándonos suerte mutua.
Había bastante gente en ese momento en recepción que aproveché para charlar con el dueño de un coche matrícula de Madrid. Era una pareja, la mujer esperaba en el coche mientras el hombre realizaba los trámites de papeleos. Era egipcio y casado desde hacia 15 años con una española.
Cogí de vuelta a Atenas el autobús A2, que era el que más cerca de la embajada me dejaba, tras pagar el camping (unas 2.300 dr.). El autobús iba lleno a revosar, hacia mucho calor, se hacia incómodo el recorrido.
Conseguí tener, por fin, mi pasaporte en mis manos. Fueron muy amables en la embajada española conmigo.
Necesitaba dinero, sólo disponía de 250 dracmas. Saqué 30.000 dracmas para poder pagar el tren hacia Estambul y en el caso de que me tuviera que quedar en Grecia otro día, para poder afrontar los gastos. Siempre podría cambiar a dinero turco en caso de que me sobrara el griego.
No quería perder el tiempo y terminé yendo a un McDonald's a comer.
Antes de acudir a la estación de tren, pasé por la estación de autobuses para preguntar allí. Estaba todo lleno, tanto para ese día como para el siguiente. Costaba 16.000 dr.
Antes de llegar a la estación, me sucedió una pequeña anécdota de mención: saliendo desde la plaza Omonia hacia la estación de tren, un policía de paisano me paró en la calle diciéndome "Control". Le pregunté en inglés el por qué me paraba, un poco menos convencido que cuando me paró, me preguntó de donde era y al responderle, y sin necesidad de enseñarle ni mi recién conseguido pasaporte ni mi DNI, me dijo que le perdonara muy educadamente, además de darme una explicación. Debía andar mucha gente, de Albania y Yugoslavia, en esta zona realizando tareas no legales. La verdad es que se veía gente muy acogedora el la plaza Omonia. Después de despedirme del policía, empecé a preguntarme sobre el por qué me habría parado a mi, ¿tan mala pinta tenía?
En la estación de trenes me dijeron que no había servicio hasta Estambul, que sólo había hasta Thesalonica, eso es por lo menos lo que le entendí al antipático de la taquilla. Me lo estuve pensando, y decidí cogerlo, salía a las 23,50. Pagué 5.220 dr. Tenía también la esperanza de que en Thesalonica pudiera coger sin perder mucho el tiempo un tren hacia Estambul.
Por curiosidad, ya que tenía mucho tiempo que matar, pregunté en una agencia de viajes sobre el modo de llegar a Turquía en ferry. Desde Pireas a Kusadasi, en Mediterraneo turco, al oeste del país, costaba 13.000 dr. Lo curioso consistía en el desglose del total, ya que no era un viaje directo a Kusadasi sino con un transbordo en la isla griega de Samos, muy cerca de las costas turcas. El viaje más largo, Pireas-Samos, costaba 6.000 dr. y el más corto, Pireas-Kusadasi, 7.000. Al preguntar por esa diferencia me respondió, indicándome con los hombros que él no sabía por qué, "Country change".
Eran sobre las cuatro de la tarde, estaba sentado, tranquilo y asimilando lo sucedido, en el parque del Museo Arqueológico Nacional.
Mereció la pena la visita al Museo Arqueológico, a pesar de que la entrada no era barata (2.000 dr.). En ella había colecciones prehistóricas (del siglo XV al II a.C.), colecciones de esculturas (desde el siglo VIII a.C. al II. d.C.), colecciones de bronce (desde el siglo VIII a.C. al III d.C.) y colecciones egipcias (desde el siglo V a.C. al I d.C.). En esas dos horas tuve ocasión de ver el museo tranquilamente, sin el peso de la mochila que la había dejado en la taquilla. Saqué también algunas fotos aunque no sabía si iban a salir debido a la escasa luz que había dentro.
Era curioso, hace un día apenas tenía dracmas y tenía que cuidarlas, y ahora me encontraba en una situación en las que me sobraban y había decidido en poderlas invertir en algo que me pudiera servir durante el viaje, así que fui de tiendas por el centro de la capital griega. Terminé comprando una pequeña radio con posibilidad de poderla escuchar con o sin auriculares para que me hiciera compañía en 2.500 dr. No vi nada más que me gustara.
Después de comer sobre las 21, sin ideas de qué podría hacer en el tiempo que me faltaba para coger el tren, decidí ir a la estación de tren y esperar allí junto con numerosos chavales que estaban haciendo la mili y esperaban, con sus familiares muchos de ellos, a que viniera su tren.
Mientras estaba esperando observé que había dos trenes para Thesalonica, a las 23,27 y a las 23,55. Cuando llegó el primero de los trenes, pregunté si era ese el que tenía que ir o no. Lo hice dos veces, a dos personas del tren, por si acaso, ya que no me fiaba de esa gente. Cuando me monté me acordé del taquillero que me había dicho que el tren era a las 23,50. Yo, en el ticket no tenía puesta la hora del tren, pero si el número de mi plaza, la sorpresa fue que era una litera. El tren iba lleno, a pesar de ello la gente se metió en sus compartimentos y no se escuchaba más que el sonido del propio tren media hora después de que salieramos. El trato con las otras 5 personas del compartimento, había 6 literas, fue educado y bastante distante, enseguida se apagaron las luces del compartimento y la gente empezó a dormirse.

Mykonos - (ferry) - Atenas

Jueves, Julio 17: Mykonos - (ferry) - Atenas Eran sobre las 8,30 para cuando me desperté. Había dormido muy bien y a gusto, parecía que quería enseñar una buena cara a las experiencias que iba a vivir de entonces en adelante. Tal y como habíamos mirado el día anterior, los ferries que salían hacia Pireas salían al mediodía, así que tenía tiempo de sobra para recoger todo tranquilamente y salir hacia las doce del camping, para ir a hacer la reserva del ferry que saliera hacia Pireas.
Aproveché el tiempo para limpiar las ropas sucias y dejarlas para que se secaran. Hacía bastante viento, pero no tanto como el día anterior, y además como no había nubes el sol pegaba de lleno, siendo el viento un pequeño consuelo refrescante para el calor.
Fui a los lavabos del camping para aprovisionarme de papel de water, ya que en adelante iba a pasar por tres países musulmanes en los que iba a ser difícil encontrar papel higiénico, aunque no tanto en Turquía, pero seguramente sí en Irán y Pakistán.
Compré algunas cosas para desayunar en la tienda y cogiendo el minibús llegué al pueblo de Mykonos. Lo primero que hice una vez allí fue coger el billete de ferry en una agencia. Allí me cobraron un 2% de comisión por pagar con tarjeta Visa en vez de hacerlo en efectivo, en total fueron 4.800 dr. Había ferries a las 2,30, 3 y 3,30 y escogí el último ya que deseaba llegar a Atenas lo más tarde posible.
Llamé también a la embajada para saber si mi pasaporte había llegado o no. Era un momento clave, si mi pasaporte ya estaba en la embajada podría recogerlo el día siguiente y tenía la posibilidad de marchar hacia Turquía, en caso que tampoco estuviera para el día siguiente tendría que esperar todo el fin de semana sin poder salir de Grecia. ¡Mala suerte! Después de llamar a la embajada sobre las 14 mi pasaporte no había llegado. Todas mis esperanzas residían que estuviera para el día siguiente, viernes.
Llegué al puerto con bastante antelación, el ferry todavía no estaba en el puerto. Había dos, que sería los que salieran a las 14,30 y a las 15. El nombre del ferry que tenía que tomar era Express Afrodite, de la compañía Agapitos Lines. Los tres ferries que cubren los servicios entre Pireas y Mykonos son de esta compañía, y los dos que estaban encallados en el puerto eran grandes y modernos, no como el que nos trajo desde Santorini hasta aquí. A las 2,30 en punto salía uno de los ferries, sin retraso. Haciendo cálculos y teniendo en cuenta de que, según la agencia de viajes, el viaje era de 5,30 horas, podría estar hacia las nueve de la noche en Pireas. De todas maneras no creía que se cumplieran los horarios, tal y como había sucedido hasta entonces.
Antes de llegar al puerto, en el pueblo había comprado y paquete de cigarros, ya que el suministro de Ducados estaba, peligrosamente, empezando a bajar. En el estanco pregunté por los cigarros más fuertes y me dieron unos de marca Karelia de todas maneras cuando empecé a fumarlo me estaba pareciendo muy suaves, casi casi sin sabor.
Llegó el ferry y me acomodé en los bancos de popa tranquilamente, pegaba el viento y la gente prefería viajar en el interior del barco. Salimos sin apenas retraso.
Sobre las 16,30 hicimos escala en la isla de Tinos. Esta no me pareció atractiva debido a las casas modernas que rompían con el decorado natural de las islas, en este sentido Mykonos tiene mucho más encanto.
También paramos en la isla de Siros. Esta tampoco me atrajo en excesivo opinando sobre lo que tuve ocasión de ver desde el ferry. Recien salidos de esta isla tuvimos control de los ticket, ya que hasta entonces no se nos había controlado, ni siquiera al entrar al ferry en Mykonos.
El sol calentaba e iba muy a gusto tumbado en el banco, mirando el mar, y las islas en ocasiones, desde la popa.
Las gaviotas me acompañaron a atardecer, me entretuve con ellas hasta que entró la noche. Era bonito ver el juego que tenía precisamente donde estaba yo, en la popa. Iban y volvían.
Llegamos sobre las 21,45, sólo con unos pocos minutos de retraso. Invertí parte de los pocos dracmas que me quedaban en 2 tickets de autobús (200 dr.) y una pequeña cena, para quitar el hambre, en el McDonald's que encontré nada más salir del ferry (1000 dr.).
Cogí el autobús A1 para que me llevara a Voula. A pesar de que fuera tarde, después de montar la tienda de campaña fui al mar para darme un baño. A la vuelta, al lado de mi tienda vi un coche con matrícula BA (Badajoz), que eran recién llegados ya que no estaban cuando fui a bañarme. Era una pareja y al pasar a su lado les saludé con un "Buenas noches", y eso fue suficiente para comenzar un conversación. A pesar de la matrícula del coche son de Bilbao y acababan de llegar a Atenas desde Patra. Después de que les explicara el viaje que iba a hacer se quedaron alucinados, no se si de envidia o de qué.

Mykonos (visita a Dilos)

Lunes, Julio 14: Thira - (ferry) - Mykonos No me había percatado de que Klaudio se levantó a las cinco de la mañana, se había levantado para ver el amanecer para, después, acostarse de nuevo. Yo, en cambio, me levanté sobre las nueve y nada más levantarme fui a correr durante media hora por la costa. A pesar de que no era muy tarde, el sol no perdonaba. Salí del camping por la playa de arena negra y cogiendo el sendero en mal estado. Me sentó estupendamente el hacer un poco de deporte, pero sobre todo el baño fue aún mejor.
Debido a que no teníamos que marchar antes de una hora, estuvimos tranquilos ordenando las mochilas y recogiendo el camping. Pagamos un total de 7.500 dracmas por los tres días que estuvimos en el camping de Perissa.
Compramos dos postales cada uno, pero a pesar de preguntar en diferentes sitios no encontramos sellos para poder mandarlos.
Cogimos a las tres de la tarde el autobús de línea que llevaba al puerto, tardó media hora el llegar, que a pesar de no haber gran distancia, paraba en numerosos sitios para coger gente. Costaba 270 dracmas por pasajero. Para bajar al puerto, el camino desde el alto era muy empinado, muchas revueltas, y debido al chirriar de los frenos del autobús había escusa para poder sentir miedo.
Llegóa a las 16,20 el Syros Express, siendo pequeño comparándolo con los dos ferries que habíamos cogido. Íbamos un montón de gente en el, en su mayoría jóvenes, en busca de "descubrir" otras islas. Habíamos pagado unas 3.800 dracmas cada uno por el pasaje a Mykonos.
Teníamos también ganas de conocer la isla de Creta, pero el ferry salía a las 11,30 de la mañana, y para cuando habíamos preguntado no teníamos tiempo para poder cogerlo, ya que teníamos que ir al puerto para ello. Alguna otra vez será... Como consuelo nos servía el hecho de que la isla de Creta es demasiado grande como para poderla conocer en unos pocos días.
Los días transcurridos en Perissa han estado bien, relajándonos. De todas maneras está bastante explotada turísticamente, se pueden ver en cualquier sitio bares, restaurantes, hoteles, albergues, supermercados, tiendas, etc, perdiendo de esta manera el equilibrio que debiera tener.
Había sido curioso también el hecho de encontrar en bares y restaurantes con un cartel diciendo "Staff Wanted", solo en inglés, ofreciendo trabajo en el lugar. Había mucha gente extranjera trabajando, seguramente sin saber ni una sola palabra en griego.
A las 18,30 hicimos nuevamente escala en Ios, bajándose alguno y subiendo otros. El tiempo que hicimos en el ferry me pareció pesadopor la gran cantidad de horas, ¡ocho!, demasiado para un trayecto que no lo era tanto.
Llegamos después sobre las doce y media de la noche a Mykonos, después de hacer escala en Ios, Naxos y Paros.
Según salimos nos encontramos a una multitud de gente ofreciendo alojamiento. Escogimos el de "Mykonos camping", costaba 1.500 dr. por persona y 800 por tienda. Le acompañamos al responsable hasta la minibús. No nos gustó lo que dijo al resto de las personas que nos ofrecían alojamiento mientras le acompañamos: "They are sold". Le esperámos mientras se iba a la "caza" de más gente, éramos los primeros, no tenía buena pinta. Al lado había otro minibús que se encargaba de llevar gente a otro camping y en el había un montón de gente. Después de preguntar decidimos irnos con ellos. Los precios eran los mismos.
Era la una de la madrugada para cuando, todavía sin cenar, montamos la tienda y después de andar en vano en busca de comida terminamos en la barra del bar de camping tomando una cerveza.

Thira/Santorini - (ferry) - Mykonos

Sábado, 12 julio: Thira/Santorini
Este día teníamos la intención de conocer la isla. Para ello fuimos a alquilar un par de motocicletas. Después de preguntar en un par de sitios nos decantamos por la oferta más barata. Eran motos endengles y viejas, con un montón de kilómetros. Pagamos 2.500 dracmas cada uno.
Comenzamos yendo hacia el oeste a conocer la "Red Beach". También a Pyrgos, que era famosa por tener 42 iglesias en un pueblo tan pequeño. Pasamos por la capital de la isla, Fira. Estuvimos bañándonos en un par de playas. Hacia la noche fuimos a Oia, en el extremo noroeste de la isla para ver la entrada del sol, no éramos los únicos.
Pasó una pequeña historia antes. La moto de Klaudio se quedó sin gasolina. Por casualidad pasó por al lado nuestro el dueño que nos alquiló las motos, y gracias a él, pudimos comprar gasolina a otro amigo suyo que también se encargaba de alquilar motos, ya que en este pueblo no había gasolineras. Aunque éste nos echó un solo litro nos pidió 500 dracmas por ello. Fueron valdias las quejas por el precio de la gasolina, por querernos cobrar el doble que el precio (en las gasolineras el precio era de 238 dr/l), pero al no tener otra salida se salió con la suya.
Fue bonito la entrada del sol que entró contra unas islas que se veían al fondo, haciendo también reflejo en el agua mientras el cielo se enrojecía.
Iniciamos el camino de vuelta, unos 20 km hasta Perissa. Klaudio llegó justo justo con la gasolina mientras que la mia se quedó a unos 500 metros sin ella.
Fuimos al supermercado a comprar comida para cenar, y después de jugar un poco a las cartas, agotados, nos fuimos a dormir.

(ferry) - Thira/Santorini

Viernes, 11 de julio: (ferry) - Thira Me quedé dormido antes de Klaudio y no me desperté hasta llegar a la escala en la isla de Ios, sobre las seis y media de la mañana. Es una isla preciosa según se puede ver desde el ferry, pueblos pequeñitos pintados de blanco y, de vez en cuando, alguna iglesia griega.
Siendo estas islas volcánicas disponen de muchas rocas y poca vegetación, viviendo los isleños de la pesca y el turismo.
Llegamos, al fin, a Thira. Bajamos del ferry y nos quedamos sin saber qué hacer. Había mucha gente ofreciendo sitio para dormir, aunque habíamos rechazado sus ofertas en un principio.
Decidimos ir a Perissa, para ello vimos un minibús, el cual nos llevaba gratis siempre y cuando nos hospedáramos en el camping. El camping está bien de precio, 950 dr. por persona y 600 dr. por la tienda.
Una vez allí escogimos un sitio agradable en la sombra, montamos la tienda y nos fuimos a relajarnos al bar a tomar un café con leche. También pedimos las cartas para jugar, eran de esas turísticas, de póker, que además del número y palo correspondientes tenían una foto de la isla en cada una. Era una forma más de conocer la isla sin moverse de la sombra a la vez que se agradecía esa agradable brisa y vista al mar. Después de las cartas llegó el momento de tomar un chapuzón en la playa de arenas negras del camping.
Perissa es un pueblo turístico, había mucha gente, sobre todo estadounidenses.
Antes de ir a comer dimos una vuelta por el pueblo, mirando de paso los precios y ofertas en diferentes restaurantes mientras íbamos comiendo unos pistachos.
Para comer pedimos spagetti a la bolognesa, Klaudio soulaki de cordero y yo, en cambio, calamares.
La tarde la pasamos sin hacer nada especial, en la playa, bañándonos, para después ir a un bar a jugar a cartas. Por la noche nos dimos una vuelta por los bares. No había mucha marcha a pesar de que hubieran bastante locales.

Atenas - (ferry)

Jueves, 10 de julio: Atenas - (ferry)

Me despertó Klaudio, sobre las diez menos cuarto, bastante tarde para los planes que teníamos. El hecho de que no nos despertáramos antes fue que la tienda estaba a la sombra, ya que sino el sol que pegaba para entonces no nos permitiría pegar ojo y nos tendríamos que levantar sin poder soportar el calor dentro del camping.
Después de darnos una ducha y recoger todo fuimos a recepción a pagar. Al recepcionista le costó sacar los cálculos, al final nos dijo que eran 3.780 dracmas. Al pagarle con un billete de diez mil tuvo que echarle mano a la calculadora para saber la cantidad que nos tenía que devolver.
Con las mochilas encima cogimos el autobús A2 para ir a Athina (Atenas), ya que este día teníamos intención de ir a Pireas, para desde allí coger un ferry. Paramos cerca del Stadium para después dar una vuelta por el parque cercano y tomar algo en una cafetería del interior, pagando los elevados precios del mismo (900 dracmas por una fanta y un café griego). El café griego, es un café solo y bastante fuerte, que además tiene un montón de posos.
No nos costó encontrar la Embajada de España. Después de que enviara mi pasaporte a la Embajada de la India en Madrid para que me pusieran el visado todavía no me lo habían devuelto, iba a preguntarles de cómo podría hacer llegar a Atenas el pasaporte cuando llegara a casa. Necesitaba una dirección segura que guardara mi pasaporte cuando llegara.
Me atendieron muy bien y me comentaron que no había ningún problema y que me guardarían el pasaporte sin problemas. Me dieron incluso el teléfono de la embajada para que les llamara sin necesidad de aparecer por Atenas y saber si había llegado o no mi pasaporte. Si a alguien le puede interesar aquí está la dirección:

    Embajada de España
    Vasilisis Sofias, 29
    Atenas 10674
    Tel: (01) 7244925 / (01) 7244926
    Sábados y festivos cerrado. Días laborables de 9 a 15 horas.
Con esto nos dio la impresión que comenzamos bien el día, sin que perdiéramos tiempo en este tipo de tramitaciones.
A continuación debíamos realizar otro de los trámites obligatorios en los viajes. Consistía en el viaje de vuelta de mi amigo Klaudio, desde Atenas a Madrid o Barcelona. Preguntamos en bastantes agencias de viajes, pero casi todos ofrecían vuelos regulares, siendo el más barato el de la compañía Al-Italia, que haciendo escala en Roma, costaba 64.000 dracmas. Nos pareció caro para consistir solo en el vuelo de ida, así que continuamos buscando. Al fin encontramos otro por 45.000 dracmas a través de la empresa española Iberojet. El problema era que sólo tenía vuelos los martes.
De paso pregunté sobre los vuelos a la India, más bien como referencia, ya que en el caso de que no pudiera obtener el visado para Irán volaría desde Turquía, desde Estambul o Ankara, y no desde Grecia. No eran baratos, similares a los precios de los vuelos que había desde España.
Al final Klaudio no cogió ningún billete, y lo dejamos para cuando estuviéramos en las islas y poder seleccionar un vuelo con más paciencia.
Mientras que Klaudio fue a visitar el Acrópolis yo me quedé esperándole, leyendo, ya que el año anterior ya había tenido ocasión de visitarlo. Posteriormente cogimos el autobús 040 en dirección a Pireas, a pesar de que tanto los buses A1 y A55 también nos llevarían al mismo destino.
Al llegar a Pireas, al puerto, después de preguntar en un par de agencias nos dimos cuenta que los precios de los ferry eran los mismos, así que debido a que si queríamos salir esa misma noche teníamos una sola posibilidad, cogimos el ferry a la isla Santorini (o Thira) haciendo escala en Paros, Naxos e Ios. El ferry saldría a las 10 de la noche.
Haciendo tiempo para la salida, fuimos a recoger la ciudad, viendo de paso una de sus iglesias frente al paseo marítimo.
Posteriormente comenzamos a buscar un restaurante para cenar antes del trayecto. Nos costó encontrarlo ya que allá donde íbamos preguntábamos si tenían o no calamares en el menú.
Llamé a casa para saber si el pasaporte ya había llegado, me contestaron negativamente. Las noticias que me dieron sobre mi pasaporte fueron que a pesar de que yo incluí en el mismo formulario de solicitud de visado que me enviaran a través de mensajero "a portes debidos", los de la embajada de la India tenían el pasaporte allí en Madrid a espera de que alguien pasara a recogerlo. Por lo menos aproveché la ocasión para confirmarles la dirección de la embajada en Atenas y comentarles que lo enviaran como "urgente".
No nos costó encontrar el ferry que partía a nuestro destino. Nos quedamos extrañados por que no nos pidieron el ticket en la entrada (nos lo pidieron una vez a bordo después de que partiera el ferry). Tuvimos suerte al encontrar un banco largo para los dos para poder dormir, ya que habíamos cogido, como de costumbre, el billete más barato, en la cubierta del barco. El ferry era más moderno que el del viaje entre Italia y Grecia, es más rápido. De todas maneras saliendo a las 10 de la noche no llegaremos hasta las 9 de la mañana.

(ferry) - Patra (Grecia) - Atenas

Miércoles, 9 de julio: (ferry) - Patra - Atenas
Después de dormir estupendamente me levanté dejando que Klaudio siguiera durmiendo. Una vez efectuada la obligada parada en los servicios me dirigí hacia la proa para contemplar el mar. Eran sobre la nueve (hora de Grecia, ya habíamos adelantado una hora el reloj) y todavía estábamos a la entrada de la península del Poleponeso, por lo que las teóricamente 14 horas de trayecto iban a alargarse en algo. Aún así no había prisa.
Esa noche dormí de un tirón y no me desperté en ningún momento, ni siquiera en la escala que debimos hacer en Igoumenitsa (al noroeste de Grecia) y en el cual se debieron de bajar casi todos los pasajeros.
Dieron un aviso, repetidas veces, por megafonía y en varios idiomas, que a las 11 iba a sonar la alarma de emergencia del barco y que posteriormente iban a efectuar prácticas de emergencia. Al oír eso lo único que hicimos fue movernos de sitio y acomodarnos en "primera fila de butacas" para ver lo que hacían. Se limitaron a soltar las barcas de salvamento, para lo cual necesitaron más tiempo de lo necesario en caso de que fuera real, incluso me dio la impresión de que para muchos de los marineros era la primera vez que hacían algo por el estilo.
Llegamos a las 13:30 (hora de Grecia) a Patra, bastante más tarde de lo esperado. Patra es una ciudad en torno al medio millón de habitantes afincada en el norte del Poleponeso, y un importante puerto, seguramente el segundo de Grecia después de Pireas.
Lo primero que hicimos fue buscar un lugar para comer. Me hubiera gustado encontrar el sitio donde estuve el año anterior, pero no fui capaz de encontrarlo. Nos conformamos con cualquier cosa, y casi entramos en el primer sitio que encontramos, exceptuando los bares, terrazas y restaurantes que están a lo largo de toda la larga avenida paralela al puerto, los cuales están preparados para el turismo.
Encontramos un restaurante modesto, tipo self-service, en el cual pedimos espaguetis, carne y un plato de ensalada griega. Esta ensalada griega se compone de tomate, cebolla, pepinillo y trozos de queso. Lo acompañamos con un par de botellas de Heineken (aquí las botellas son de medio litro y no de un tercio).
Fuimos a la estación de trenes que estaba justo enfrente del puerto y cogimos un par de tickets para Atenas. Pagamos 2.600 dracmas cada uno por tickets de segunda. Al tener tiempo, como reposo de la comida que acabábamos de tomar estuvimos tomando un capuccino en una terraza disfrutando del buen tiempo.
En tren partió a su hora desde Patra, a las 16:35. El paisaje era agradable por lo general. Ibamos por la costa, al lado del mar, y la transparencia del mar daba ganas de saltar del tren.
Pasamos también por el canal de Corinthos, eso sí, rápidamente y no tuvimos ocasión para ver la impresionante obra que es, salvo unos pocos segundos que el tren tardó en atravesar el puente sobre el canal. Este canal, que artificialmente convierte al Poloponeso en una isla, hace que los barcos procedentes del Jónico no tenga que virar sobre el Poleponeso para llegar a Atenas o otros puntos. Recuerdo que el año anterior estuvimos durante cerca de media hora viendo pasar por debajo del puente de carretera a diferentes barcos que cruzaban lentamente el canal. Es impresionante la altura de las paredes del canal.
Llegamos también puntualmente a Atenas, sobre las ocho. Al no estar la estación de trenes en el mismo centro de la ciudad partimos andando, rechazando las ofertas de los taxistas y comisionistas de algún hostal o casa de alquiler.
Llegamos a la plaza central de Atenas, a Ominia. Un lugar de contrastes, es por un lado el centro de la ciudad, centro del comercio, lugar de muchos movimiento, desde donde parten las arterias principales y las grandes avenidas en todas direcciones. Pero, por otro lado, era un lugar decadente y daba un aspecto pobre y abandonado, estaban las obras del metro a medio a acabar, y la clase de gente de merodeaba sin mucho quehacer por el lugar dejaba bastante que desear.
Cenamos en el Mc Donald's, cerca de esta plaza (1.000 dracmas cada uno), y a pesar de que teníamos nuestras dudas de si debíamos cenar o no (por la abundante comida del mediodía), nos lo comimos todo.
A continuación partimos en busca del autobús A-2, y a pesar de que la parada en la calle Stadiou (yo no lo recordaba) no estaba lejos, después de preguntar a diferentes gentes obtuvimos diferentes respuestas lo cual nos desconcertó bastante. Casi todos los jóvenes hablaban por lo menos el suficiente inglés como para entendernos, aún así obtuvimos respuestas muy secas, y respuestas como "I don't know" fueron normales. Tengo la impresión de que a pesar de saberlo, incluso, nos mandaron a otro lugar, ya que el autobús que debíamos tomar era uno de los más principales de la ciudad.
A pesar de todo llegamos hacia las 11 de la noche al camping de Voula, a las afueras de la ciudad, pensando que toda nuestra mala suerte había terminado. En la entrada y antes de entrar a recepción pudimos leer un letrero que ponía: "Camping Closed". Aún así entramos a recepción como si no lo hubiéramos leído, y tuvimos la suerte de que para una o dos noches, como íbamos a estar tenían sitio, nos cogieron.
No tardamos más de cinco minutos en montar la diminuta tienda y mientras Klaudio fue a lavar ciertas ropas yo fui fuera del recinto del camping a por unas cuantas cervezas a un kiosco, de estos que abundan en Atenas y que realmente son mini-tiendas, y muchas de ellas abiertas hasta bien entrada la noche.
Fuimos a tomar un baño a la playa del camping a pesar de que no estuviera alumbrado. El agua estaba muy buena para bañarse, estuvimos un buen rato, hasta que desde dentro del agua notamos a algunos por cerca de donde habíamos dejado las ropas y también toda la documentación y dinero que llevábamos. Salimos corriendo, pero al acercarnos nos dimos cuenta que no eran más que unos chicos extranjeros que pasaron cerca sin percatarse ni de nosotros ni de nuestros bultos. Cuando nos vinos nos saludamos mutuamente y dejamos que se bañaran tal y como más ilusión les hacía, desnudos.

(tren) - Brindisi - (ferry)

Martes, 8 de julio: (tren)- Brindisi - (ferry)
Me desperté pronto, sobre las cinco y media, para entonces ya estaba el día claro. Las horas iban despacio, un tanto aburridas, sin mucho que hacer excepto esperar.
Despedí al italiano y la albanesa, que no estaba tan parlanchina como el día anterior. Ella se bajó en Bari, desde donde cogería un ferry para llegar a su país, Albania, en donde iba a pasar una temporada visitando a sus familiares y amigos.
En la última parte del recorrido apenas había gente en el tren, por lo menos en nuestro vagón. El paisaje no era nada del otro mundo, bastante seco, pero lo que le salvaba era la vista que teníamos al mar, ya que generalmente iba junto a el.
El tren llegó con media hora de retraso al destino, a Brindisi. Andando llegamos enseguida al centro de esta pequeña ciudad, para entrar en una agencia cualquiera de tantas que hay ofreciendo billetes para reservar un par de tickets para Grecia.
De una agencia a otra los precios, son por lo menos muy similares, sino iguales, ya que las tarifas de los numerosas compañias de ferries están reguladas por el gobierno, dependiendo de la categoría. Son bastante baratos teniendo en cuenta el largo recorrido que efectúan. Incluso hay una cosa por lo menos graciosa, vayas a donde vayas a Grecia (básicamente hay tres puntos principales: Corfú, Patra e Igoumenitsa) los precios son idénticos, así que escogimos el más lejano, por ser el que más cerca nos dejaba de Atenas. Pagamos 44.000 liras cada uno, sin que pudiéramos librarnos de pagar nosotros mismos la comisión por pagar con tarjeta Visa. Esto es curioso, pero tanto en Italia (por lo menos allí) como en Grecia, esa comisión corre a cuenta del cliente.
Tuvimos ocasión, también, de hablar nuestro idioma, el euskara, con unas chicas navarras, de Lekunberri, que conocimos en la misma agencia.
Nuestro ferry saldría a las seis de la tarde de ese mismo día, por lo que teníamos suficiente tiempo para estar tranquilos. Aún así, había dos cosas que hacer antes de partir, imprescindibles: validar el ticket de la agencia en la compañía del ferry y por otro lado pasar por el centro de la policía de aduanas para obtener el ticket de salida del país. Estos dos quehaceres no nos quitaron mucho tiempo, cosa que me extraño, ya que recuerdo que el año anterior, en esas mismas fechas, había mucha más gente y tuvimos que esperar más de una hora haciendo cola para obtener el sello de la policía.
Compramos algo para beber y otro poco para engañar al estómago, para después dar una vuelta por la ciudad, sin que consiguiéramos ver nada de especial mención.
Con la compra hecha para el ferry nos permitimos hacer el primero de los caprichos de este viaje, encontramos un restaurante, en el cual comimos estupendamente, y saboreamos el vino local, todo ello a cambio de 50.000 liras, los dos.
El sol pegaba con fuerza, sobre todo las horas del mediodía, y a eso de las tres, a la hora que nos habían dicho acudimos a un punto señalado del puerto donde debía recogernos una barca para llevarnos a otro puerto en el cual cogeríamos el ferry. Esta barca vino hacia las cuatro, pero fuimos de los primeros que tuvimos ocasión en subir al ferry.
Aprovechamos esta ocasión para hacernos con una par de sillas y una mesa en la popa del barco. Con el calor que hacía, nos pusimos en bañador y matamos el tiempo leyendo y escribiendo. Incluso al estar bastante cercanos al lugar donde los pasajeros subíamos al ferry, una vez pasado el control de policía y del propio ferry para controlar el ticket, tuvimos la tentación de poner un tercer "puesto" de control.
Es extraño pero no íbamos mucha gente en el ferry. Me acuerdo del año anterior, en el cual el ferry iba hasta los topes, tanto de vehículos como de gente, en el cual incluso encontrar un sitio en el suelo para dormir era difícil.
Es agradable el ir en barco, por lo menos para mí. Tienes mucha libertad de movimiento, incluso con día como aquel, en el cual teníamos sol, y si a eso de añadimos el movimiento del barco, que frena el exceso de calor, lo convierte en auténtico lujo.
Después de cenar con las provisiones que habíamos comprado en Brindisi, una vez añochecido, abrimos una puerta que estaba sin cerrar en el cual guardaban las sillas de plástico y un par de hamacas, también de plástico. Las sacamos y nos acomodamos estupendamente para quedarnos dormidos mirando al mar.

Ventimiglia - (tren)

Lunes, 7 de julio: Ventimiglia-(tren)
Después de dormir bastante me levanté, fui a ducharme y a afeitarme. De paso aproveché la ocasión para lavar algunas ropas ya que el sol de la mañana estaba pegando lo suficiente como para que se secasen. Klaudio, en cambio, se levantó más tarde, y es que yo no me di cuenta, pero se había duchado la víspera. Después de recoger todo y tomar otro sabroso "capuccino" salimos del camping en busca de nuevos vehículos que nos harían llegar al sur de Italia.
Ventimiglia se compone por un lado de una parte vieja, que se esparce a lo largo de una colina, y al no haberla visitado, por lo menos desde fuera da un aspecto bastante decadente y abandonado, quizás tenga su encanto. Por otro lado esta la parte más reciente, con casas más modernas pero sin ningún rasgo especial. Lo que le salva es la playa y el paseo y algunos parques que tiene alrededor.
Salimos, siguiendo las indicaciones de la incorporación de la autopista y de camino nos aprovisionamos de comida para el viaje. No tuvimos mucha suerte en esta ciudad, y pienso que es algo que puede suceder en otros lugares de Italia, por lo menos en el norte. La cosa es que estas incorporaciones no están pensadas para el tipo de gente que quiere hacer autostop, no encontramos arcén para que un coche pudiera parar sin que llegara a molestar a otro que tuviera por detrás, además tampoco había rectas suficientes como para que el coche que parase pudiera hacerlo sin peligro. Estuvimos hasta el mediodía tratando de que alguien nos cogiera, probando diferentes sitios siempre con el mismo resultado. Tras un pequeño diálogo tomamos la decisión más acertada, pagar por algún medio de transporte que nos llevase a Brindisi, para desde allí coger el ferry que nos llevaría a Grecia.
Primeramente fuimos a la estación de tren, donde en un principio debía existir alguna combinación, aunque no fuera directa, para poder llegar a nuestro objetivo. Y así fue. Había una larga cola para coger billetes y el taquillero no era precisamente agradable al ver que teníamos problemas con el idioma, pero aún así conseguimos sonsacarle, a base de esfuerzo de hacernos entender y entenderle, la información que queríamos obtener, los horarios y el precio. Nos pareció bastante barato el precio del billete (93.500 liras), y al momento quisimos reservar pero no había otro modo que pagar al contado y para ello no teníamos dinero suficiente.
Klaudio tuvo una brillante idea que consistía en contratar el servicio por medio de una agencia de viajes, para así ahorrarnos el tener que sacar dinero en un banco o casa de cambio. Así lo hicimos y la dependienta nos dio otra sorpresa, el billete costaba 84.000 liras, ese era el billete más barato. Pero al no aceptar tarjetas tuvimos que ir a un banco para sacar dinero con nuestra tarjeta Visa. Fuimos los últimos clientes que entraron en aquel banco, ya que cerraban, y teniendo en cuenta que no habrían por la tarde tuvimos un poco de suerte en ese aspecto. Sacamos 100.000 liras cada uno. Para quien lo sepa también existe la posibilidad de sacar dinero con la tarjeta en un cajero automático, pero el problema está que ninguno de los dos conocemos el código de nuestra propia tarjeta.
Después nos dimos cuenta que la diferencia de precio consistía en el tipo de tren y en el modo de llegar a Brindisi, mientras que la oferta que recibimos en la estación iba vía Roma, la que habíamos contratado lo hacía por la otra costa, el Adriático, empleando para ello cuatro horas más.
Teníamos tiempo y aprovechando el buen tiempo fuimos en dirección al mar, y paramos para comer en un parque. Después nos dejamos caer en la playa, tomando el sol, reposando y tomando algún que otro baño. En la playa había escasa arena y se componía en su mayor parte de piedra. Al no ser un lugar turístico, poco tenía que ver con Niza, había menos gente, y diría que mayoritariamente del lugar. Eso me hacía estar más a gusto.
Entramos a las 17:05 en un vagón de segunda clase, y teniendo en cuenta que el tren partía desde ese punto iba bastante lleno, aún así no lo suficiente como para encontrar dos asientos en un compartimento.
El tren partió hacia Genova, por la costa, lo cual aprovechamos para contemplar el paisaje, la costa, las playas, las calas y los pueblos y ciudades por las que transcurría nuestro tren.
Me acuerdo también del amable "pica-pica" que nos tocó, que tras estar charlando un rato con nosotros nos indicó del trasbordo que debíamos hacer en una pequeña ciudad llamada Voghera, entre Genova y Milán. Nada tenía que ver con el recepcionista de la estación, ni mucho menos con los policías de la estación que nos echaron en cara, de muy mala manera, el estar sentados en el suelo mientras extendíamos un mapa de Italia.
Dejamos que el tren continuara sin nosotros y tuvimos cerca de una hora mientras que venía el tren desde Torino (Turín). Aprovechamos el tiempo hincando el diente a otro de nuestros bocatas, llamando a casa y, como no, tomando un capuccino en el bar situado en frente de la estación.
Ya de noche, a eso de las diez y media, entramos en un tren proveniente de Torino y con destino a Brindisi, con ello ya no nos teníamos que preocuparnos más de los transbordos, sobre todo por la noche, que podría ser peligroso.
El tren iba muy lleno y justo-justo encontramos un par de asientos en un compartimento. Era para seis personas y ya iban tres más, así que quedó una sola plaza libre en el nuestro. Esa plaza se cubrió pronto en otra estación. Los dos asientos que daban a la ventana iban ocupados por dos jóvenes marroquíes que superaban en poco los treinta años, teníamos también a un italiano que debía rondar la cincuentena y, por último, quien además fue la última en entrar una mujer de 35 años, tal y como nos dijo después, que a pesar aparentar ser italiana por lo bien que hablaba este idioma, era albanesa, pero vivía y bastante bien por lo que dejaban ver sus ropas en Italia desde hacia ocho años.
Era una situación graciosa, éramos gente muy diversa, y no sé si fue por ello, o por que esta albanesa era un "terremoto" que no paramos de hablar. Quizás nosotros menos, por aquello de la barrera del idioma. Con el paso del tiempo, fueron básicamente dos los que llevaban el diálogo, si es que se puede llamar así, el más animado de los dos marroquíes y la albanesa.
Estaban uno al lado del otro, la albanesa hablaba y hablaba, el marroquí trataba de ligar con ella descaradamente, y ella le rechazaba, pero con gracia. El marroquí se le juntaba mucho, la cogía de la mano,... al hablar. Ella se la quitaba, pero no al momento, y de alguna manera le seguía el juego, diciéndole a ver si no era capaz de conseguir algo sólo con palabras. Después le pidió a mi amigo que le cambiara de sitio, para que tuvieran más distancia a lo que él accedió. El marroquí seguía tocándole la mano a la albanesa, pero esta vez pasando medio cuerpo por encima de mi pobre amigo Klaudio.
Se produció otra situación graciosa durante este tiempo. Los marroquiés, a pesar de ser musulmanes, ya habían liquidado más de dos litros de vino barato en tetra-brik desde que entramos nosotros, e incluso se notaba en el aliento en un sitio tan cerrado. La albanesa había contado también que era musulmana. Lo curioso fue cuando los dos marroquíes le echaron en cara la pequeña cena que había comprado en el bar del tren: un bocadillo de jamón y una lata de cerveza. La mujer se defendió sobradamente contra los dos diciéndoles quienes eran para decirle eso a ella mientras ellos ya estaban medio borrachos. La argumentación de los hombres fue que el alcohol era una cosa, pero que un musulmán nunca debía comer cerdo.
Fue bien entrada la noche cuando los dos marroquíes se bajaron en Rimini, ya que este era el lugar donde debían bajar, iban a trabajar durante una temporada en este lugar. A partir de entonces tuvimos paz y también ocasión para dormir.

Aix-en-Provence - (autostop) - Niza - (tren) - Montecarlo (Mónaco)- Ventimiglia (Italia)

Domingo, 6 de julio: Aix-en-Provence - Ventimiglia
Era domingo, y la esperiencia nos enseñaba que era un mal día para hacer dedo, pero aún así nos pusimos a ello. Desde luego no podíamos pasar el día en el área de servicio.
No hicimos demasiados kilómetros pero para el mediodia llegamos a Niza, y después de estar otro rato decidimos descansar y pasar el día en esta localidad de Costa Azul francesa.
Llegamos andando a la playa, nos costó, ya que las distancias eran grandes y estábamos algo alejados de ella. El sol pegaba fuerte y hacia mucho calor, y después de llegar a la playa llena de gente lo primero que hicimos fue tomar un baño refrescante. Y aunque contrastaba bastante con el lujo que había en el lugar, sacamos de nuestra mochila los sacos de dormir para ponerlos a secar.
Es extraño la fama que tiene Niza como lugar de destino turístico de playa. Tiene una larguísima playa, pero no es una playa de arena sino de piedras redondeadas a las que al final terminas por acostumbrarte, sobre todo al apoyar la espalda al tumbarte. Era curioso ver también el despegue y aterrizaje de diversos aviones en el concurrido aeropuerto internacional de Niza, al borde del mar.
Después de pasear por la curiosa lujosa ciudad costera, decidimos continuar en vez de quedarnos en Niza, por un lado por lo caro que podría resultar y por otro por que teníamos ganas de llegar a la cercana Italia.
Nos cogió un chico, pero no nos llevó hasta Italia, sino nos dejó en Eze, un pequeño pueblo en lo alto de unas montañas que bajaban al mar. Era un lugar turístico y no un lugar de paso hacia Italia, sino a Mónaco. Tratamos de continuar pero vimos que los únicos, o casi únicos que iban hacia delante eran los ricachones monaquescos y turistas que se dirigían a Mónaco. Fue duro tomar la decisión, pero decidimos bajar andando a la localidad a nivel del mar, ya que vimos que había una línea de tren, y por lo menos eso nos podía ayudar a llegar a Italia.
Comenzamos a desandar camino, incluso al principio poníamos el dedo cada vez que pasaba un veloz coche al lado nuestro por si nos llevaba a Mónaco, pero ninguno de los Ferraris, Lamborginis,... nos paró. Dejado la carretera bajamos por un camino al pueblo y llegamos a la estación de tren. Tuvimos suerte, incluso a la noche había servicio desde Niza a Ventimiglia, la primera localidad italiana una vez atravesada la frontera.
Era caro el billete, costaba 28 FF (francos franceses) cada persona, sobre todo en cuenta la pequeña distancia de la se componía el trayecto. Pero era igual, nos "sobraba" dinero, y estábamos a punto de cumplir con nuestro primer objetivo, el atravesar Francia con apenas 200 FF para los dos.
Antes de montar, mientras esperábamos, Klaudio me advirtió de una costumbre francesas que desconocía que consistía en validar los tickets en la máquina destinada para ello antes de salir. Me contó el caso de una amiga suya que volviendo de París al País Vasco tuvo que pagar una multa por no haber validado el ticket aunque lo hubiera pagado religiosamente.
Era un tren de cercanías con múltiples paradas, y Klaudio me convenció (yo no quería) en que hiciéramos una parada en Montecarlo para después volver a coger último tren de la noche y pasar un tiempo en este lugar.
La visita a Montecarlo fue ultrarrápida, además ya de noche no había nada de ambiente y todo estaba muy "apagado" a pesar de la iluminación de las calles. Aprovechamos la ocasión para cenar en un Mc Donald's no antes de hacer cuentas de los francos que nos quedaban. Estuvimos también en el lujoso puerto, donde se puede admirar lujosos yates. Y casi tuvimos que volver corriendo para coger el tren de nuevo. Después de montar el pica no nos dijo nada, no sé si se dio cuenta o no de que nos habíamos bajado.
Paramos en Ventimiglia, y a la salida había un grupo de aduaneros que paraban a algunos para pedirles documentación y registrarles. Tuvimos suerte y nadie nos dijo nada. Ya había pasado la medianoche, y desde luego yo estaba cansadísimo aunque pienso que a Klaudio se le olvidó el cansancio por aquello de entrar a un nuevo país que algún día querría conocer a fondo (no sería en este viaje desde luego).
No tardamos mucho en llegar al camping "Roma" de esta localidad, ya que yo la conocía del viaje que hice el año pasado a tierras griegas y paramos a dormir en el mismo sitio. Después de montar la tienda y dejar nuestras cosas fuimos a tomar un "capuccino", nos lo teníamos merecido, antes de acostarnos.

Pau - (autostop) - Aix-en-Provence

Sábado, 5 de julio: Pau - Aix-en-Provence
Teníamos caladas tanto la tienda como cierta ropa y las zapatillas. Nos levantamos bastante pronto, sobre las seis y media, con intención de continuar por un lado y por otro para que nadie nos viera, sobre todo la "gendarmerie"...
Hacía frío, también viento. Todavía a esa hora había poco tráfico y eran momentos duros sin poder aguantar el frío cuando el vehículo que pasaba de vez en cuando se iba sin pararnos. Pienso que más duro para mi compañero que para mí por que yo por lo menos dormí esa noche, aunque fuera poco. Klaudio me dijo que no pegó ojo, con el frío, la lluvia que entraba a través de la única capa del camping... Y es que la tienda que llevábamos era tan simple como ligera, de una sola capa y en total pesa apenas dos kilos. Tengo otra tienda, y esta es por un lado más espaciosa, pero no veía que fuera necesaria para llevarla y el peso de la mochila contaba mucho.
Fue gracioso el primero que nos cogió en la entrada de aquella autopista. Klaudio se puso en el asiento de adelante, que aunque no habla francés a la perfección, entiende algo y habla otro poco, yo desde luego ando más perdido con este idioma. Pero esta vez no fue necesario, ya que al poco de que entráramos y le dijéramos de donde éramos nos dijo que aunque llevase 35 años viviendo en Francia él era de Albacete. Debía estar casado con una francesa, pero no le vimos demasiado integrado, ya que incluso nosotros le notamos un acento especial cuando habló con el cajero de la autopista y también nos contaba acerca de sus numerosos viajes a sus tierras.
Hubo también otro personaje curioso ese día. Un hombre de mediana edad nos llevó desde Saint-Gaudens hasta Mazamet. Era un BMW grande, todo un vólido, y sin duda acostumbraba a pisar el acelerador este curioso tipo, tenía cierto toque de playboy retirado.
También compramos un par de "bagettes" (pequeñas barras de pan) para rellenarlas del embutido que llevábamos con nosotros mismos. Desde Mazamet nos costó bastante llegar a Béziers, pero con numerosos trayectos cortos llegamos. Estábamos fuera de la autopista ya que aceptamos salir de la autopista por que el "playboy" nos llevaba en nuestra dirección más de 100 km. Discutimos otra vez que es lo que hubiera sido mejor, si haberle dejado irse a la carretera para continuar en otra entrada a la autopista o lo que estábamos haciendo. Sin duda no teníamos respuesta pero también en la autopista, el día anterior, tuvimos mala suerte.
En Béziers, donde estábamos en una mala incorporación a la autopista, nos paró un Mercedes que iba a Montpellier. Era un hombre bien vestido y elegante, por cómo íbamos vestidos en ese momento, contrastaba bastante con nosotros (no íbamos sucios, pero sí con ropas "algo" más baratas). Y esto es algo que me ha chocado bastante en países fuera de España: tanto en Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra e Irlanda, donde haya podido estar haciendo autostop, lujosos coches nos habían parado, desde luego tienen más costumbre de parar al autoestopista.
Habíamos parado en una gran área de servicio dentro de la gran autopista, de numeroso tráfico, que recorre la costa mediterránea francesa. Aprovechamos la parada para ir a tomar un "café-au-lait". En la incorporación a la autopista teníamos delante nuestro a un par de jóvenes que pensaban dirigirse a Lyon, más o menos al norte. Como nosotros íbamos hacia el este, no les fastidiábamos el plan, pero nos pusimos detrás de ellos aún así.
A pesar del tráfico frecuente ya íbamos pensando en acampar allí mismo, ya que el sol se estaba ocultando. De mientras nos extrañaba la actitud que tomaban estos dos jóvenes frente a los vehículos que pasaban, eran bastante pasotas, y ni se molestaban en levantarse para ponerse en pie cada vez que veían un coche o camión. El sol ya se había ido aunque todavía había luz, tuvimos suerte, algo que sucede pocas veces. Un chico que estaba descansando y aprovecho para sacar al perro nos vio y nos ofreció llevarnos. Él iba a Marsella, y como nos venía bien aceptamos con gusto su oferta.
Nada que ver tenía este Renault 5 con el Mercedes anterior, incluso yo que iba en la parte de atrás iba apoyado en el suelo por que el chico había quitado los asientos traseros y allí iba yo con el chucho. Ha sido increíble lo que este chico hizo por nosotros, es algo difícil de olvidar. Mientras iba hablando con Klaudio se despistó y siguió adelante dejando atrás la salida hacia Marsella. Llegamos a Aix-en-Provence, él nos dijo que era de allí, incluso tuvimos ocasión de ver el gran ambiente que había en la noche. La razón de ello es que Aix-en-Provence era una localidad estudiantil. Tenía también una zona antigua preciosa, calles estrechas y adoquinadas, llenas de encanto. Paró en coche para comprar algo para cenar y al volver nos invitó a su casa para dormir, allí mismo en Aix. Casi le dijimos que sí, pero pensamos que era mejor continuar en la carretera para no perder tiempo el día siguiente, aún así le agradecimos mucho el ofrecimiento sincero que nos hizo. Dijo que lo entendía, y que él mismo había viajado mucho de este modo y por ello nos quiso hacer un favor, nos llevó a la entrada de la autopista para dejarnos en un área de servicio en dirección a Niza. Klaudio me traducía al euskara (vasco, que es el idioma que utilizamos para comunicarnos) lo que no entendía de la conversación que llevaban, y sin que él se enterara quedamos de acuerdo en invitarle a lo que fuera en la cafetería del área de servicio que íbamos a parar. Fue una pena ya que esta área carecía de cafetería, era más bien funcional y pequeña.
Bajamos y lo único que pudimos hacer fue agradecerle la cortesía que tuvo con nosotros. Aún así la cosa no había terminado, nos dio una bolsa de comida que nos dijo que había comprado para nosotros. Se lo rechazamos lo más amablemente que pudimos, pero él insistió y rápidamente deseándonos suerte se fue en coche. Nos dejó boquiabiertos esta actitud, y desde luego en Europa es muy difícil encontrar a gente como él, que sin esperar nada a cambio nos hizo tantos favores.
Todavía un tanto extrañados comenzamos a cenar de lo lindo, junto a la comida que llevábamos y la que nos dio este amable chico francés, incluso tuvimos el lujo de compartir y brindar a su salud aquella botella de cerveza Kronenbrough de 0,75 litros.
No tuvimos problemas para encontrar un lugar medio aislado para acampar. El problema era que tanto el camping como el saco de dormir estaban húmedos, pero aún así no tuvimos mayores problemas para dormir, ya que no hacia calor pero el clima mediterráneo se hacía notar, nada que ver con la noche anterior.

Donostia-San Sebastián - (coche/autostop) - Pau (Francia)

Viernes, 4 de julio: Donostia-Pau
Mi amigo Klaudio vino a casa a buscarme, me tocó del interfono y enseguida bajé de casa. Tenía mi mochila lista y muchas ganas de comenzar este viaje, pero a la vez había algo que se removía dentro de mí. Me iba para un cierto periodo de tiempo, unos dos meses, en el cual no iba a ver ni a la familia ni a amigos, y además una vez pasado el periodo de Grecia Klaudio, el amigo con quien partiría en el comienzo del viaje, se volvería por motivos de trabajo.
Por otro lado tenía otra incógnita que me preocupaba también y era que no estaba seguro el poder, tal y como tenía previsto de antemano el llevar por tierra desde Donostia donde vivo hasta la India, sin coger ningún avión. El problema estaba básicamente en la obtención del visado iraní.
He de reconocer que no comencé a preparar el viaje con mucho tiempo, apenas 2-3 semanas antes. Fue entonces cuando, lo primero que hice, fue informarme de las vacunas necesarias para los lugares que iba a estar. Fui a Sanidad Exterior de mi ciudad, donde me dieron la medicación contra la fiebre tifoidea y la malaria. Me puse en contacto también con las embajadas de la India, Irán y Pakistán en Madrid por teléfono. Tanto de la india como de la pakistaní conseguí que me enviaran un fax con el formulario de los datos a rellenar para poder obtener el visado sin tener que ir hasta Madrid. No fue el caso de la embajada iraní, que por un lado me costó mucho localizarles, de una manera nada amable, me dijeron que no había más opción que pasar por Jerez, 5 en Madrid, entre unas horas determinadas y personarse allí mismo. Por otro lado también me dijeron que el tiempo de proceso para ver si me daban o no el visado era de 3-4 semanas... ya que la solicitud tenía que pasar por Teheran. Las cosas así decidí dejar el visado iraní y tratar de sacar los otros dos. Recibido el formulario indio, lo rellené con mis datos, fui a correos y les mandé un sobre certificado con el pasaporte, dos o tres fotos, el formulario rellenado y el comprobante del giro postal que acababa de realizar por la cantidad de 3.000 pesetas. Según me dijeron tardarían 3 o 4 días en procesar la solicitud, para después enviarme de vuelta el pasaporte con el sello. Andaba un poco apurado para realizar el mismo proceso con la embajada pakistaní.
Llegó el día para partir, y hacia más de 10 días que había enviado mi pasaporte a la Oficina de Turismo de la India, sin que me llegará de vuelta. No dudé a la hora de salir sin este documento, ya que hasta llegar a Turquía no lo iba a necesitar, ya que siendo España miembro de la Comunidad Económica Europea nos basta con el carnet de identidad. Mi idea era que mi familia me hiciera llegar el pasaporte a Grecia por correo a una dirección que no lo tenía muy claro, en un principio podría ser la propia Embajada Española en Atenas si es que me hacían tal favor o si no el lugar donde me alojara allí.
Ya era difícil la vuelta atrás, Klaudio me había recogido en su coche y partíamos dirección a Irún, pero antes paramos en la localidad de Oiartzun, ya que había quedado con un amigo suyo para que nos acompañara hasta Hendaia y una vez allí se volvería con el coche. Así lo hicimos, nos apeamos y cruzamos la frontera andando sin que nadie nos dijera nada. Buscabamos el parking, o por lo menos gran arcén, que hay una vez pasadas las casetas de la autopista francesa. Era un lugar que habíamos utilizado otras veces dirección a París y nos había resultado excelente. Nuestro modo de transporte era solo eso, un dedo y un cartelito indicando a donde queríamos ir, junto con un par de sonrisas que se hacían más débiles según pasaba el tiempo. Había además un problema añadido, cerca había habido un accidente y la "amable" Gendarmerie andaba por el lugar.
Discutimos sobre lo que hacer, pero estaba claro que no nos podíamos marchar a otro sitio, así que nos pusimos en un sitio donde quedábamos más o menos disimulados. Aún así estabamos seguros de que nos habían visto, pero no quisieron meterse con nosotros. La cosa es que estábamos haciendo auto-stop en la autopista, lo cual está prohibido, aunque estuviéramos en un punto en el cual no había ningún peligro.
Tardó una hora en parar el primer coche, y aunque nos dijo que iba sólo hasta Biarritz decidimos abandonar el lugar, ya que otras veces el sitio había funcionado mejor, y quizás la gente dudaba al pararnos por la proximidad de los gendarmes. Nos dejó, tal y como se lo pedimos, en un área de servicio en vez de la salida a Biarritz, pensando que así podría ser más fácil. Fallamos. Fue una decisión errónea. Era un área sin apenas tráfico, y lo único que conseguimos fue que nos parara un coche policial. Nos pidió la documentación y se marcharon.
Estuvimos unas tres horas en el lugar, a casi desesperarnos, creo que nunca nos había ocurrido algo así, el tener que esperar tanto tiempo. Eran sobre las siete y media de la tarde, y apenas estábamos a 40 kilómetros de casa, y eso teniendo en cuenta que los primeros veinte los habíamos hecho en coche propio. Todo un fracaso que nos hizo cambiar de opinión y dejar la autopista, para buscar la carretera nacional. Tardamos casi media hora en llegar a la concurrida ruta y no más de cinco minutos en que una pareja joven nos parara para llevarnos a Pau. Es que cuando viajas de esta manera nunca sabes lo que te va a ocurrir.
Eran dos chicos muy majos y agradables que precisamente habían estado en Donostia, de marcha, eran muy discotequeros. Nos dijeron que les encantaba el lugar para salir de juerga, ya que en Francia la verdad es que no hay demasiada. El chico, que era quien conducía, conocía bien la carretera y eso lo hacía notar en la velocidad que le imprimía a su viejo Opel Corsa. Llegamos a las diez menos cuarto a Pau, y nos dejaron el la estación de trenes. Klaudio y yo habíamos decidido coger un tren por la noche que nos llevase por lo menos a Toulouse, para así poder "recuperar" la distancia que esperábamos realizar ese primer día, realmente esa primera tarde.
La noticia era que no había trenes nocturnos, a ningún sitio, desde Pau, y además iban a cerrar la estación. En un principio pensamos en buscar el camping de la ciudad, y lo encontramos en un mapa callejero en frente de la estación. Pero había un problema y era que estaba en la dirección opuesta a donde teníamos tanto la carretera como la autopista para poder continuar con el auto-stop. Decidimos ir andando hasta cerca de la entrada de la autopista, y una vez fuera del núcleo urbano buscar un sitio donde plantar la tienda y dormir un poco durante la noche. Aún así Klaudio me convenció para continuar haciendo dedo a la luz de una farola a la salida de un semáforo. No tardaron demasiado en cogernos pero sólo nos llevaron al pueblo de al lado a unos 10-15 kilómetros. Nos dejaron poco antes de la entrada del pueblo, a la entrada de la autopista. Habíamos decidido que si queríamos hacer kilómetros debíamos optar por la autopista aunque tardásemos más en ser cogidos.
Montamos la tienda de campaña detrás de unos setos al lado de las cabinas de la autopista rápidamente, había comenzado a llover.

País Vasco: La otra España

Todas las tonalidades del verde están en la maravillosa tierra llamada País Vasco. Valles y costas, playas y colinas, agua por doquier y un aire único que lo convierte en un destino imperdible... Euskadi, como es su nombre en vasco, es uno de los pasos obligados para los que se consideran verdaderos viajeros. Un destino fascinante, misterioso y natural: la otra España.
El País Vasco es una comunidad autónoma del norte español, ubicada entre el Mar Cantábrico y la depresión del Río Ebro y entre la cordillera Cantábrica y los Pirineos. Su territorio está constituido por las provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Su relieve fragmentado que se combina con la pequeña llanura del litoral. Pero una de las cosas más aprovechables del relieve vasco es la zona alta de la costa con sus cortes abruptos que proporcionan vistas espectaculares.

El clima de la región es oceánico y continental. Apesar de que las lluvias son abundantes y bastante habituales, esto no es un factor determinante. Recorrer el País Vasco tiene siempre su encanto, ya sea que llueva o que haga buen tiempo. Uno de los paseos más recomendables es adentrarse en sus carreteras interiores donde se puede ver el espectacular verde del paisaje con los caseríos típicos vascos que dan un toque fantástico a estas tierras.
Cultura
País Vasco: La otra España

Una de las cosas más positivas que tiene el País Vasco es su gran activa vida cultural. Museos y exposiciones son una constante, sobre todo en la región de Bilbao. En otros puntos se puede disfrutar de la ópera y música de todos los ritmos, de manera continua, tanto en las calles como en cada antro, recinto o sala.

La resistencia tiene sus expresiones en diferentes ramas del arte y los festivales de música van de la mano de todo eso. Al contrario de otros destinos, aquí el público joven organiza y promueve varios festivales de Jazz. Pero si hablamos de festival, el más importante y reconocido mundialmente es el Festival de Cine de San Sebastián que se realiza anualmente. De paseo por el País Vasco

Otra lengua, otra cultura, otras pasiones y claro, un territorio único en la Península Ibérica. Euskadi es un destino sorprendente con miles de atractivos para pasear y descubrir. Descubre tú también lo más bonito de la región:

País Vasco: La otra España

Los Cubos de Moneo en San Sebastián
En esta área se encuentra uno de los puntos con mayor actividad cultural en el País Vasco: dos grandes edificios, los Cubos de Moneo: dos cubos hechos de cristal, sobresaliendo en un paisaje costero. Entre un edificio y otro puede llegar a verse una porción de la ciudad de San Sebastián. El sitio además cuenta con un ingrediente extra: está a orillas del río Urumea, lo que lo embellece notablemente.

Teatro Victoria Eugenia

Cercano a los cubos y cruzando un famoso puente está el Teatro Victoria Eugenia, inaugurado en 1912. Este teatro fue el primero en tener espectáculos artísticos para el público.

La plaza de Gipuzkoa
Entre los jardines de esta encantadora plaza se encuentra la calma en todos sus aspectos. Es uno de los emblemas de la comunidad vasca.

País Vasco: La otra España

Palacio de Miramar
Este palacio inglés se encuentra sobre un monte que ofrece sin duda dos bellas vistas: el palacio en sí con sus inmensos jardines y dos playas que están a los pies del monte y que son separadas también por flores. Todo esto acompañado por el sonido de las olas llegando a las piedras de la costa. Por si esto fuera poco, el Palacio está ubicado justo en medio de la playa de la Concha y la playa de Ondarreta.

Los Peines del Viento

Es un soberbio complejo de esculturas creado por el gran Eduardo Chillida… no hay palabras para describirlo. No te lo pierdas.

Portugalete

Si lo que quieres es vivir la historia de la región tienes que acercarte a esta villa del siglo XIV. En ella podrás disfrutar de una visita a varios edificios increíbles, en su mayoría medievales que entre paredes de piedras y jardines florales se asemejan a esos viejos cuentos de la niñez. También en esta villa está el Convento de Santa Clara que actualmente funciona como centro cultural.

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Santurtzi
Cercana a Portugalete y unida a ella por agua está Santurtzi. Su actividad principal es la pesca de sardinas y es casi obligatorio pasar por alguna de sus posadas y degustar un plato a base de este pescado en alguna de sus variantes vascas.

La Arboleda

La fauna en estado salvaje convive con las ruinas de una vieja instalación minera. Una postal extraña y espectacular donde se crea un ambiente natural y un tanto enrarecido. Para tomar buenas fotografías.

Getxo

Getxo es una localidad del País Vasco que se caracteriza por su aire residencial y medieval. Aquí los palacios se mezclan con casas más humildes, pero sea cual sea el origen nunca faltan ni los árboles circundantes ni el río a los pies. Es también el hogar del Festival de Jazz.

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San Juan de Gaztelugatxe
En la zona costera, las playas son la atracción por excelencia, pero también hay lugares como San Juan de Gaztelugatxe. Como la cereza de un postre, Gaztelugatxe es peñón con una ermita en su punta. Para llegar a la ermita hay que subir más de doscientos treinta escalones: una actividad reservada en general a personas jóvenes o en buen estado físico. El trabajo es recompensado con una vista imponente. De las panorámicas que puedas sacar en este viaje, la de San Juan va a ser sin duda la más bonita.

Bermeo

Pesquera por naturaleza, esta localidad merece un recorrido de una tarde. Entre las olas y los colores del cielo se recortan siluetas increíbles. Aquí también encontrarás la casa natal del poeta Ercilla que tan excelentemente relató la situación de indios y españoles en Chile con su poema La Araucana.

Gernilka-Lumo

Emblema de la ideología libertaria Vasca y de las ansias de paz, este sitio y su mística son ideales para conocer el núcleo de la vida en el País Vasco. Recórrelo y conoce todos sus rincones.

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La cueva de Santimamiñe
Dentro de la cueva de Santimamiñe verás pinturas rupestres como no hay casi en ningún otro lugar. En las paredes, la tinta deja ver animales por doquier retratados por los antiguos pobladores de la región. Se considera que datan del siglo XV a.C. En sus cercanías algo curioso la ha convertido en uno de los sitios más elegidos para el paseo: un bosque entero pintado por un afamado pintor. Los troncos coloridos aportan la magia necesaria al lugar.

Ibarralangelu

Este maravilloso sitio merece nombrarse aunque sea sólo por sus encantadoras casitas colgadas de los acantilados… Una imagen que quedará varios años grabada en tu cabeza.

Museo Guggenheim
En Bilbao se puede conocer la sede europea del Museo Guggenheim de arte moderno y contemporáneo de Manhattan, en Estados Unidos. El edificio fue diseñado por el arquitecto norteamericano Frank O. Gehry. El Museo Guggenheim Bilbao está situado en una parcela de 32.500 m2 que se halla a nivel de la ría del Nervión, es decir a 16 m por debajo de la cota de la ciudad de Bilbao. La sorprendente y osada arquitectura del museo se ha convertido en emblema de la ciudad y toda la región.

Playa La Concha

Esta playa de Donostia es una de las mejores de la costa vasca. Su ubicación también es excelente: justo al pie del palacio de Miramar. Sin exagerar, playa La Concha es considerada una de las más bellasdel continente.

Ondarreta

Rodeada por jardines y villas y al lado de la playa La Concha está Ondarreta, paraíso terrenal.

País Vasco: La otra España

La Zurriola
Si andas por el Palacio de los Congresos camina un poco más y arrímate a esta playa nuevita que concentra servicios y un buen paisaje.

Parque Natural Urkiola

El Parque Natural Urkiola es una de las propuestas para el completo relax en tu visita al País Vasco. En él, un santuario para Santo Antonio Abad y de Papua congrega anualmente peregrinos de todas partes. Además, en este parque se practican deportes extremos y de altura como montañismo, ciclismo y otras actividades sumamente dinámicas. Hay cuevas en lugares de difícil acceso a las que sólo llegan los más valientes. El parque está excelentemente preparado para recibir viajeros y posee muchas comodidades.

País Vasco: La otra España

El Balcón de Bizkaia
Este mirador ofrece otra de las visiones preferidas del país Vasco, donde se llegan a divisar muchas playas y algunas de las villas costeras.

La Puebla de Bolívar

De aquí salieron los genes del famoso libertador, aún se puede conocer la casa de la familia de Simón Bolívar.

El Duranguesado
Se destaca porque posee algunos edificios góticos muy particulares de la zona, sobre todo porque esta arquitectura no fue común en esta parte del territorio. Entre iglesias y viviendas de la antigua nobleza se configura el paisaje de esta encantadora localidad.

Las Encartaciones

Gran parte de la historia del País Vasco se dio en las Encartaciones, donde se ven cicatrices de un pasado remoto. Conocerlas es conocer una parte importante del País Vasco. Es un territorio muy rico para la siembra. La arquitectura tradicional se puede ver en las casonas enmarcadas por un paisaje campestre sin igual o en pequeños pueblos de la zona. Ideal para el turismo rural.

Postales desde Donostia

Azul y verde forman una pareja perfecta para ese doble color que me ha fascinado de esa ciudad pegada al cantabrico y que es toda una maravilla para quedarse a vivir en ella.....una corta estancia de cuatro dias me ha permitido descubrir algunos de los placeres que donostia tiene en su corazon abierto al mundo........

Uno de las tentaciones que mas se disfruta de esa ciudad es naturalmente su comida directa casi del mar a la mesa tratada por el cariño de sus cocineros y cocineras que luego ponen la chispa adecuada para crear platos realmente exquisitos....BERNARDO ETXEA es un ejemplo de eso en su variada barra de pintxos y tapas como esa tartaleta de bacalao o un buen plato de jamon con todo su sabor......

Quizas el mejor bacalao al pilpil que haya probado en mi vida lo he podido comer con ganas de repetirlo en una de las pocas mesas del restaurante informal GANDARIAS....y a dos 'palmos del cantabrico en esa bahia d ela concha tienes un tiempo de relax y descanso con aguas que salen del mismo mar en el spa LA PERLA que justo estos dias lo estaban reformado.....tambien cuentan con una terracita impagable con vistas panoramicas playeras en el mismo paseo con el sonido de las olas como musica de fondo de esa PERLA.......

Al ladito mismo del nostalgico y sencillisimo parque de atracciones del monte igeldo tienes el restaurante con vistas espectaculares de toda la bahia desde lA terraza del ALAIA casi tocando el cielo donostiarra....si tienes la oportunidad intenta coger butaca en el encantador teAtro VICTORIA EUGENIA para creerte por una noche princesa de otras epocas casi barrocas......

Pequeñisimo y casi intimisimo es EL TAMBORIL al ladito mismo de una plaza porticada llamada constitucion y que en su barra puedes encontrar estupendos pintxos y raciones......o esa sorpresa con decoracion que poco tiene que ver con cualquier bar tasca del casco antiguo y fuera de esa ruta popular puede ser el ZAZPI que es toda una delicia de raciones con mucho gusto y con cierto toque creativo......y si eres una sibarita de la buena comida deberas probar suerte en LUKAS GOURMET en esa gigantesca estructura del gran KURSAAL donde tambien esta ubicado el polemico y respetado restaurante de martin beratasegui o su formula mas economica y casi minima en la cafeteria del mismo lugar.....

Al lado del mercado popular de san martin te encuentras con otra sorpresa ganadora de algun pintxo en un local que puede pasarte sino te fijas en su nombre que concretamente es el AURRERA bar restaurante unicado en la zona elegante de boutiques tiendas de moda y la famosa fnac que tambien tiene su espacio en esta ciudad......

Un paseo con viento y lluvia te acercara mejor para ver y sentir esa serie de esculturas del peine de los vientos donde alli mismo tienes el restaurante con vistas desde su piso superior a la mismisima concha encontrando en la carta del BRANKA algunos platos interesantes......

El BUS turisitico es una buena opcion para conocer la ciudad en menos de una hora sin bajarse del mismo y subiendote hasta la cima de monte igeldo donde la vista en dias claros es bellisima.....las expertas camareras del restaurante del piso de CASA UROLA tienen la simpatia y la profesionalidad para recomendarte los pescados frescos del dia en un restaurante montado en ese mismo casco antiguo donde te puedo recomendar una sabrosa merluza a la koxkera.....

A pocos metros de alli y perdiendote en ese laberinto de callejuelas te puedes encontrar unos buenos pintxos en ARALAR.........justo a lado de la iglesia de buen pastor un cafe una copa o una comida sencilla en CARAVANSERAI que ademas tiene conexion wifi.......ambiente entre cervezas de importacion y con mucho encanto decorativo una visita acertada al BIDELUZE en la placita de guipuzcoa.......y si con tanto pintxo quedas un poco harta pues date un respiro tomandote un helado cualquiera de su amplia variedad en LA GELATERIA DEL BOULEVARD........y si quieres llevarte un recuerdo cafetero entra en LA CASA DEL CAFE que igual encuentras aquel regalo fuera de turismo para tu amiga preferida......

La juerga nocturna puedes probarla en esa especie de barco edificio que pegado a la bahia de la concha ilumina la noche donostiarra con el nombre de KABUTZA DISCO......y si prefieres el jazz ALTXERRI en su planta sotano tiene semanalmente actuaciones en su pequeño escenario......

Pero lo mas sano y fresco y barato de sansebastian es pasear y pasear por sus bulevares,jardines y por supuesto bordeando las tres playas que conforman la bellisima ciudad de donostia....un estancia casi de pelicula pegadito a su bahia y con habitaciones para escuchar de cerca el sonido de las olas lo tienes natualmente en el HOTEL LONDRES con cuatro estrellas y pagando unos 200 euros por noche aunque el desayuno es bastante sencillo....y si el credito de la visa todavia te queda puedes pegarte un festin gastronomico en esos templos de la nueva cocina vasca que siguen siendo AKELARRE, ARZAK.CASA NICOLASA, REKONDO con elevados precios para dejar a cero tu tarjeta......

Ysi tienes tiempo no te pierdas una excursion con bus directo a hondarribia camino de francia para echarte unas fotos en su pequeño y coqueto casco antiguo con hoteles majisimos incluidos.....

Donostia, la joya de la corona

San Sebastián: la “joya de la corona”

San Sebastián, Donostia en euskera, es probablemente la ciudad más bella de España desde todos los puntos de vista. Es conocida como la “perla del Cantábrico”. Su cultura, su gastronomía, sus paisajes y su bahía, bañada por el Mar Cantábrico, la convierten en uno de los destinos más atractivos y visitados de la geografía española. A tan sólo 15 minutos de la frontera con Francia, San Sebastián ofrece al viajero un sinfín de puntos de interés turístico. Un buen momento para visitar esta ciudad es durante el mes de septiembre, cuando se celebra el Festival de Cine.

San Sebastián es sobre todo una ciudad volcada al mar. Recorriendo los paseos marítimos de sus tres playas principales: la Concha, la de Ondarreta y la Playa de Zurriola en el barrio de Gros, el viajero puede disfrutar de un paseo inolvidable que se puede iniciar en la base del Monte Igueldo, donde se encuentran las famosas esculturas de Eduardo Chillida, que forman “el Peine de los vientos”. Desde allí, y tras haber disfrutado de un mar bravío que se cuela por los orificios de las geniales moles de bronce de Chillida, el paseo sigue por la playa de Ondarreta, bordeada de mansiones impresionantes y con el Palacio de Miramar como telón de fondo. Este edificio se inauguró en 1893 y fue la residencia de verano oficial de la Regente María Cristina. Siguiendo el paseo por la magnífica playa de la Concha, llegamos hasta el puerto pesquero y a la parte antigua, donde se recomienda dar rienda suelta al placer de ir de “txikiteo” (vasos pequeños de un vino blanco de la zona llamado txacolí, o vino tinto y rosado) y de “pintxos” o tapas. La gastronomía en el País Vasco es algo más que comer y beber, es todo un arte que se disfruta con los cinco sentidos. Sus carnes y pescados son de calidad inigualable y merece la pena probar: las alubias de Tolosa, las anchoas, las angulas, el “Marmitako” (especialidad vasca a base de atún guisado con patatas, cebollas, tomate y pimientos), los revueltos de setas y un largo etcétera de especialidades de la tierra, que se pueden disfrutar en los restaurantes “donostiarras” que figuran entre los mejores del mundo.

En la parte vieja y en la zona del Boulevard se encuentran varios lugares de interés: el Ayuntamiento, un edificio, inaugurado en 1897 y que inicialmente fue el Casino de la ciudad; la Catedral del Buen Pastor, ubicada en el Ensanche de Amara, es obra del arquitecto donostiarra Manuel de Echave. La iglesia abarca una superficie de 1.915 metros cuadrados y fue inaugurada en 1.897. En la zona del puerto se ubica el Aquarium, un museo de ciencias marinas, inaugurado en 1928 y que destaca por ser el más veterano de España. La zona del puerto tiene mucho encanto: con sus barcos de pesca tradicionales, llamados “txalupas” y el olor a sardinas braseadas que procede de la gran cantidad de restaurantes que se hallan en la zona.


Siguiendo la ruta, siempre en contacto con el mar y bordeando el Monte Urgull, el viajero llega a la playa de Zurriola, en el Barrio de Gros. Allí se encuentra, imponente el auditorio- palacio de congresos “Kursaal”, un edificio de última generación, ideado por el arquitecto navarro Rafael Moneo. Alabado por unos y criticado por otros, este auditorio es la actual sede del Festival de Cine de San Sebastián. www.kursaal.org

Muy cerca, y a orillas del río Urumea, otra seña de identidad de la ciudad, se erigen majestuosos, el teatro Reina Victoria, y el Hotel María Cristina. Estos dos edificios imponentes fueron testigos de la época en la que veraneaba la nobleza española y, hoy en día, siguen siendo dos referentes de la ciudad, a pesar de que el Teatro ha dejado de ser la sede oficial del Festival de cine.

San Sebastián, en definitiva, ofrece todo lo que el viajero puede desear: una buena gastronomía, unas preciosas playas, actos culturales, la hospitalidad de sus gentes y una oportunidad de conocer la que es probablemente la ciudad más bonita de España. ONGI ETORRI (bienvenido en vasco)

Hotel Spa Porta Maris

Hotel Spa Porta Maris
HOTEL:
Este hotel, inaugurado en el año 2002, tiene un total de 138 habitaciones, de ellas 112 dobles y 23 suites junior. Ofrece a sus huéspedes numerosas instalaciones, como el elegante hall de entrada con ascensores y área de recepción abierta las 24 horas del día que le ofrece servicio de caja fuerte. Dispone también de quiosco, algunas tiendas, un salón de peluquería, una cafetería, un acogedor bar, un pub y un restaurante climatizado con zona para no fumadores y sillas altas para los niños. Los que viajen por motivos de negocio pueden utilizar la sala de conferencias y la conexión a Internet. El hotel dispone también de aparcamiento al que se accede directamente desde el hotel y servicios de atención médica, de lavandería y de alquiler de bicicletas.
SITUACIÓN:
Este atractivo hotel de categoría media está situado en el centro turístico de Alicante, a unos 150 metros del centro de la ciudad. En los alrededores podrá encontrar tiendas, comercios y lugares de ocio y entretenimiento, así como una parada de transporte público.

HABITACIÓN:
Las habitaciones, decoradas con buen gusto, están dotadas de baño alicatado con secador de pelo, teléfono, TV vía satélite y por cable, conexión a Internet, minibar, aire acondicionado, calefacción central y caja fuerte.

DEPORTES:
El hotel pone a su disposición una piscina cubierta y en el exterior una piscina con bar, terraza para tomar el sol, tumbonas y sombrillas. Además, cuenta con un complejo de Spa y cuidado corporal con jacuzzi, sauna, baño turco y servicio de masajes, así como de un gimnasio.

OTRAS:
Se ofrece desayuno bufet. A la hora del almuerzo y de la cena podrá elegir un menú a la carta. El cliente también puede encargar comida dietética y platos especiales.
Servicios en el Hotel Spa Porta Maris
ESTABLECIMIENTOHABITACIÓN
Terraza Solarium
Sauna
Jacuzzi
Sombrillas
Aire acondicionado en zonas comunes
Hall Recepción
Servicio de recepción 24 horas
Caja de seguridad
Servicio de facturación 24 horas
Ascensor-es
Cafetería
Quiosco
Tienda-s
Peluquería
Bar-es
Restaurante -s
Sala de conferencias
Aire Acondicionado en Restaurante
Zona no fumador en restaurante
Disponibilidad de cobertura para teléfonos móviles
Servicio de lavandería
Acceso a internet
Servicio médico
Alquiler de Bicicletas
Piscina de agua dulce
Piscina cubierta
Piscina climatizada
Chiringuito de piscina
Tumbonas
Baño de vapor
Masaje
Ofertas especiales de Spa
Gimnasio
Acceso a internet
TV vía satélite / TV por cable
Nevera
Minibar
Camas dobles
Aire acondicionado Central
Aire acondicionado individual
Calefacción central
Calefacción individual
Balcón
Caja de seguridad
Secador
TV
Teléfono de línea directa
Baño

Características del Hotel Spa Porta Maris
DIRECCIÓN
Spa Porta Maris
Plaza Puerta Del Mar 3
03002 Alicante
CATEGORÍA
Complejo Spa
Hotel De Ciudad
Hotel De Conferencias
Hotel De Playa

DISTANCIAS
Bares/ Pubs: 200
Campo De Golf: 19000
Centro Población: 150
Centro Turístico: 150
Centros Comerciales: 200
Discoteca / Club: 50
Mar: 10
Restaurantes: 200
Transporte Público: 50

DESCRIPCIÓN DEL ESTABLECIMIENTO
Año De Construcción: 2002
Año De Última Reforma: 2002
Habitaciones Dobles: 112
Número De Pisos (edificio Principal): 6
Número Total De Habitaciones: 138
Suites: 26
Terraza

MÉTODOS DE PAGO (Para servicios adicionales durante su estancia)
American Express
Diners
Mastercard
Tarjeta Visa

COMIDAS
Comida Dietética
Desayuno Buffet
Media Pensión
Paquetes Especiales

ENTORNO
Playa De Arena
Sombrillas
Tumbonas