8 jun. 2007

(ferry) - Patra (Grecia) - Atenas

Miércoles, 9 de julio: (ferry) - Patra - Atenas
Después de dormir estupendamente me levanté dejando que Klaudio siguiera durmiendo. Una vez efectuada la obligada parada en los servicios me dirigí hacia la proa para contemplar el mar. Eran sobre la nueve (hora de Grecia, ya habíamos adelantado una hora el reloj) y todavía estábamos a la entrada de la península del Poleponeso, por lo que las teóricamente 14 horas de trayecto iban a alargarse en algo. Aún así no había prisa.
Esa noche dormí de un tirón y no me desperté en ningún momento, ni siquiera en la escala que debimos hacer en Igoumenitsa (al noroeste de Grecia) y en el cual se debieron de bajar casi todos los pasajeros.
Dieron un aviso, repetidas veces, por megafonía y en varios idiomas, que a las 11 iba a sonar la alarma de emergencia del barco y que posteriormente iban a efectuar prácticas de emergencia. Al oír eso lo único que hicimos fue movernos de sitio y acomodarnos en "primera fila de butacas" para ver lo que hacían. Se limitaron a soltar las barcas de salvamento, para lo cual necesitaron más tiempo de lo necesario en caso de que fuera real, incluso me dio la impresión de que para muchos de los marineros era la primera vez que hacían algo por el estilo.
Llegamos a las 13:30 (hora de Grecia) a Patra, bastante más tarde de lo esperado. Patra es una ciudad en torno al medio millón de habitantes afincada en el norte del Poleponeso, y un importante puerto, seguramente el segundo de Grecia después de Pireas.
Lo primero que hicimos fue buscar un lugar para comer. Me hubiera gustado encontrar el sitio donde estuve el año anterior, pero no fui capaz de encontrarlo. Nos conformamos con cualquier cosa, y casi entramos en el primer sitio que encontramos, exceptuando los bares, terrazas y restaurantes que están a lo largo de toda la larga avenida paralela al puerto, los cuales están preparados para el turismo.
Encontramos un restaurante modesto, tipo self-service, en el cual pedimos espaguetis, carne y un plato de ensalada griega. Esta ensalada griega se compone de tomate, cebolla, pepinillo y trozos de queso. Lo acompañamos con un par de botellas de Heineken (aquí las botellas son de medio litro y no de un tercio).
Fuimos a la estación de trenes que estaba justo enfrente del puerto y cogimos un par de tickets para Atenas. Pagamos 2.600 dracmas cada uno por tickets de segunda. Al tener tiempo, como reposo de la comida que acabábamos de tomar estuvimos tomando un capuccino en una terraza disfrutando del buen tiempo.
En tren partió a su hora desde Patra, a las 16:35. El paisaje era agradable por lo general. Ibamos por la costa, al lado del mar, y la transparencia del mar daba ganas de saltar del tren.
Pasamos también por el canal de Corinthos, eso sí, rápidamente y no tuvimos ocasión para ver la impresionante obra que es, salvo unos pocos segundos que el tren tardó en atravesar el puente sobre el canal. Este canal, que artificialmente convierte al Poloponeso en una isla, hace que los barcos procedentes del Jónico no tenga que virar sobre el Poleponeso para llegar a Atenas o otros puntos. Recuerdo que el año anterior estuvimos durante cerca de media hora viendo pasar por debajo del puente de carretera a diferentes barcos que cruzaban lentamente el canal. Es impresionante la altura de las paredes del canal.
Llegamos también puntualmente a Atenas, sobre las ocho. Al no estar la estación de trenes en el mismo centro de la ciudad partimos andando, rechazando las ofertas de los taxistas y comisionistas de algún hostal o casa de alquiler.
Llegamos a la plaza central de Atenas, a Ominia. Un lugar de contrastes, es por un lado el centro de la ciudad, centro del comercio, lugar de muchos movimiento, desde donde parten las arterias principales y las grandes avenidas en todas direcciones. Pero, por otro lado, era un lugar decadente y daba un aspecto pobre y abandonado, estaban las obras del metro a medio a acabar, y la clase de gente de merodeaba sin mucho quehacer por el lugar dejaba bastante que desear.
Cenamos en el Mc Donald's, cerca de esta plaza (1.000 dracmas cada uno), y a pesar de que teníamos nuestras dudas de si debíamos cenar o no (por la abundante comida del mediodía), nos lo comimos todo.
A continuación partimos en busca del autobús A-2, y a pesar de que la parada en la calle Stadiou (yo no lo recordaba) no estaba lejos, después de preguntar a diferentes gentes obtuvimos diferentes respuestas lo cual nos desconcertó bastante. Casi todos los jóvenes hablaban por lo menos el suficiente inglés como para entendernos, aún así obtuvimos respuestas muy secas, y respuestas como "I don't know" fueron normales. Tengo la impresión de que a pesar de saberlo, incluso, nos mandaron a otro lugar, ya que el autobús que debíamos tomar era uno de los más principales de la ciudad.
A pesar de todo llegamos hacia las 11 de la noche al camping de Voula, a las afueras de la ciudad, pensando que toda nuestra mala suerte había terminado. En la entrada y antes de entrar a recepción pudimos leer un letrero que ponía: "Camping Closed". Aún así entramos a recepción como si no lo hubiéramos leído, y tuvimos la suerte de que para una o dos noches, como íbamos a estar tenían sitio, nos cogieron.
No tardamos más de cinco minutos en montar la diminuta tienda y mientras Klaudio fue a lavar ciertas ropas yo fui fuera del recinto del camping a por unas cuantas cervezas a un kiosco, de estos que abundan en Atenas y que realmente son mini-tiendas, y muchas de ellas abiertas hasta bien entrada la noche.
Fuimos a tomar un baño a la playa del camping a pesar de que no estuviera alumbrado. El agua estaba muy buena para bañarse, estuvimos un buen rato, hasta que desde dentro del agua notamos a algunos por cerca de donde habíamos dejado las ropas y también toda la documentación y dinero que llevábamos. Salimos corriendo, pero al acercarnos nos dimos cuenta que no eran más que unos chicos extranjeros que pasaron cerca sin percatarse ni de nosotros ni de nuestros bultos. Cuando nos vinos nos saludamos mutuamente y dejamos que se bañaran tal y como más ilusión les hacía, desnudos.

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